12 de Diciembre de 2017

Opinión

Ayotzinapa y Q. Roo

Quintana Roo ha sido por tradición una especie de isla política ajena a los movimientos de protesta nacionales que se desarrollan en el resto del país...

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Quintana Roo ha sido por tradición una especie de isla política ajena a los movimientos de protesta nacionales que se desarrollan en el resto del país, una característica que los distintos gobernantes locales emanados del PRI han cuidado e inclusive protegido durante décadas con la única intención de no perder el control hegemónico que detentan; sin embargo, el asunto de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y la creciente ola de indignación nacional que ésta ha  generado, podría romper esa tónica de pasividad ciudadana y modificar inclusive, el optimista  pronóstico oficial de las próximas elecciones federales en la entidad.

Si bien es cierto que resulta anticipado el hecho de especular sobre la posible incidencia de un asunto sobre el otro, pues aún distan cerca de seis meses y medio para la celebración de la jornada electoral (domingo 7 de junio del 2015) en la que habrán de elegirse a los nuevos integrantes del Congreso de la Unión, sin que se pueda saber el desenlace final de los reclamos de una sociedad demandante de justicia, también es verdad que nuestro país ya no es el mismo después del 26 de septiembre de este año, fecha de la desaparición forzada de los estudiantes normalistas.

En efecto, aun cuando se cumpliera la principal exigencia de que los 43 jóvenes aparecieran con vida (lo cual parece imposible) seguramente las ramificaciones de complicidades en la ejecución del delito- por acción y por omisión- culminarían en un nuevo escándalo que podría traer insospechadas reacciones de violencia generalizada y probablemente, en respuesta, el uso de la represión oficial, algo que la extrema derecha pareciera estar alentando en los últimos días y que podría llevarnos a la militarización del poder.

Si la verdad del caso Ayotzinapa no aflora, la indignación ciudadana se centrará en la exigencia por la renuncia del presidente, enredado además en el escándalo ahora de su “Casa Blanca” y luego, probablemente, la demanda por la desaparición de la partidocracia y sus múltiples ramificaciones de corrupción e impunidad. 

En Quintana Roo, el clan en el poder ha puesto sus barbas a remojar. Suprimieron de un día para otro el tradicional desfile cívico del 20 de noviembre, pretextando frío invernal, y en la Universidad de Quintana Roo mandaron a los jóvenes a descansar tres días, argumentando labores de fumigación, todo con la pretensión fallida de evitar o minimizar la marcha nacional convocada para ese mismo día. Ahora, el temor más grande se cifra en la imprevisible voluntad ciudadana que se manifestará el día de la jornada electoral venidera, y con justa razón. 

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