21 de Agosto de 2018

Opinión

Belaunzarán y las izquierdas

El liberalismo político que debería velar por los derechos individuales los postergó ante los intereses de capitalistas formados en crisoles morales tradicionales.

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En los años sesenta culminó una etapa en la larga lucha de la mujer por sus derechos en sociedades tradicionalmente machistas. Triunfo indiscutible fue lograr convertir una consigna feminista en parte fundamental de los programas de izquierda: “lo personal es político”.

Todavía hoy, cuando los pragmatismos y los oportunismos de todo signo privan entre las diferentes formaciones políticas, este concepto ayuda a definir a las izquierdas de las derechas: para las derechas, lo personal debe continuar en el ámbito de una intimidad tradicionalista e inamovible regida por lo religioso; para las izquierdas (“nada humano me es ajeno”) toda apertura de un derecho, por minoritario que parezca, compete y afecta a las mayorías. 

El liberalismo político que debería velar por los derechos individuales los postergó ante los intereses de capitalistas formados en crisoles morales tradicionales. El liberalismo dejó el centro para formar parte de las derechas. Así, para resumir, los prohibicionismos se volvieron de derecha y las despenalizaciones de izquierda (habrá que acudir a la casuística para ampliar o constreñir conceptos).

Hoy, sin embargo, aun cuando ha quedado suficientemente clara y justificada en la práctica la justeza progresista de aquella consigna de “lo personal es político”, el peso conservador en las izquierdas se niega a incorporarla plenamente en sus programas con el pretexto de que pueden perderse votantes. Se da el fenómeno de una izquierda conservadora, incapaz de comprender el sentido de la historia que debería transformar.  

Es el caso de la despenalización de la mariguana como primer paso para poner fin a una guerra que se ha demostrado inútil, cara, cruel y destructora del tejido social.

Sin embargo son pocas las voces de líderes de izquierda que han hecho programa la despenalización. Una de las más notable es la de Fernando Belaunzarán, a quien candidatean para dirigir el PRD, un partido que debiera haber heredado debates ganados en el PCM y en el PRT troskista.

No tengo idea de cómo vaya a darse la grilla en el seno de ese partido, pero desearía que alguien como Belaunzarán ponga en el centro de la discusión algo que tiene que ver con derechos de la persona y con estilos de prohibición inquisitoriales que ya han costado suficiente miedo, suficientes hogueras y suficiente sangre.

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