16 de Diciembre de 2018

Opinión

Cachorro de león

El viaje no ha sido tan malo. Después de todo el horror conservo mis dos manos, mis piernas, hablo, escribo...

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En octubre pasado recibí una llamada de mi hermana: nuestro padre había sufrido un infarto y quería verme para despedirse, yo tenía trabajo en el D.F. y no podía regresar. A la distancia geográfica, hubo que sumarle la distancia vital que generó su alcoholismo, la violencia que ejerció sobre mi madre y un altercado por el que dejé de hablarle por ocho años. 

Esa llamada hizo un antes y un después en mi vida. ¿Era posible reconciliarse con un hombre tan violento y al que decidí sacar de mi vida para siempre? La distancia trajo una fortuna conmigo: escribir, recordar esos años de infancia sumergida en la violencia, la idealización de un padre que nunca quiso ser un héroe y cómo alguna vez me salvó la vida. 

“Cachorro de León” es un monólogo que escribí desde la perspectiva de una niña de cuatro años que no entiende por qué en su casa las cosas siempre acaban en lugares opuestos: “La limonada en el piso, la televisión a la calle, los santos y las veladoras en cualquier lugar; incluso en nuestra cabeza o en la de mamá. Aunque hay que decir que a nosotras nunca nos golpeó, él siempre iba por mamá, pero de alguna manera, cada vez que asentaba su puño sobre ella, éste hacía un eco muy fuerte dentro de nosotras”. 

Este espectáculo biográfico hace un recorrido agridulce por mi infancia, mis inicios en el teatro, el camino de regreso a casa y el largo tramo que tuve que recorrer para reencontrarme con mi padre. 

Es también una oda al perdón, a los monstruos interiores y a la maravilla de estar vivos: “Algunos monstruos existen para confirmarnos su belleza y nuestra propia belleza de estar vivos: completos por fuera, pero un poco mutilados por dentro. Yo también soy un monstruo, he perdido algunas piezas que no se ven por fuera, pero que se extrañan mucho aquí dentro. Todos somos unos monstruos… No es tan feo serlo ¿Verdad? Al menos desde aquí, todos ustedes brillan. A veces la oscuridad es necesaria para encontrar nuestro propio brillo. El viaje no ha sido tan malo. Después de todo el horror conservo mis dos manos, mis piernas, hablo, escribo, sé reírme de mí misma, estoy viva …y eso es un poco gracias a mi padre”. 

Si están distanciados de sus padres, si les cuesta trabajo perdonar, si quieren ver a Pedro Infante en una actuación especial conmigo, les espero en el teatro Pedrito: 3, 4, 10 y 17 de abril, 20:00 horas. Reservaciones al 2895098. 

No es mi vida lo que es importante en esta historia, es descubrir el valor finito de la vida de cada uno.

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