21 de Noviembre de 2018

Opinión

Cada quien su diversidad

Que viva la diversidad, pero cada quién con nombre y apellido propio.

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La experiencia cotidiana dicta que, normalmente, los matrimonios están basados en aspectos de confianza y aceptación pero también en el decidido compromiso de amar y recibir amor. 

Esta connotación fundamental hace a un lado la socorrida preferencia sexual tan vilipendiada, la cual, finalmente, todo ser humano tiene derecho a ejercer. Cuando existe la voluntad de casarse por lo civil el aspecto sexual queda fuera de contexto, dando paso al amor como premisa básica y el deseo de formalizar una unión estructurada con la persona deseada.

 Ahora, después de milenios, la palabra matrimonio implica una nueva connotación acerca de la unión legal entre los seres humanos. 

El ocho de agosto de 2013 se celebró el primer matrimonio homosexual en Yucatán.  Esto ha sido posible por la exigencia de los contrayentes, sustentada en una ley Federal. Cabildeada hasta obtener, después de una tenaz lucha, la respuesta a su justa demanda. 

Será cosa de esperar que haya jurisprudencia para que el asunto haga efecto en todo el país. Pero al fin de cuentas, lo hacen porque se aman y punto.

Dado lo anterior, ¿qué harán  los padres  de familia para explicar a su descendencia el simbolismo de la unión entre hombre y mujer, tomando en cuenta que el día de hoy la figura jurídica  “matrimonio” ya no ajusta estrictamente a este sentido? 

¿Se tendrá que optar, en un acto de libre albedrío, por borrar tal palabra de su vocabulario y ejerciendo su derecho redefinir un nuevo término legal y jurídico que delinee justamente este propósito, aclarando llanamente su inconformidad de formar parte de la comunidad matrimonial a partir de este momento? 

¿Mostrará la Suprema Corte de Justicia, una vez establecido y consensado el nuevo término legal a la comunidad heterosexual (que tiene todo su derecho a desmarcarse) los mismos oídos, la misma respuesta e iniciativa con la que ha atendido las demandas de la comunidad homosexual? 

En el mejor ejercicio de diversidad los mexicanos nos vemos ahora compelidos al compromiso de, respetando al de enfrente, ejercer nuestro propio derecho para establecer coordenadas propias de acción y el lugar donde queremos ser ubicados.

Porque no somos iguales y porque “parecido no es lo mismo”, que viva la diversidad, pero cada quién con nombre y apellido propio
 Vaya biem.

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