20 de Septiembre de 2018

Opinión

Calmen la pasión, hay mucho por hacer

El llamado a los denominados “suspirantes” para contener sus pasiones rumbo al 2016 fue correcto y oportuno...

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El llamado a los denominados “suspirantes” para contener sus pasiones rumbo al 2016 fue correcto y oportuno. Si bien era un mensaje casi obligatorio dado el “destape” de algunos y el apoyo manifiesto para otros, el fin del mensaje es cumplir la encomienda porque falta un año para las elecciones, tiempo suficiente para posicionarse o fracasar en el intento. 

Además, debe entenderse el contexto del recado: están por cumplir dos años en el poder, lo cual es una oportunidad para desplegar una estrategia coyuntural con el fin de presumir ciertos logros; falta el informe del gobernador, en septiembre, y este momento es para mostrar no solo cordura, sino unidad, pues la oposición está convertida en una piltrafa.

Al analizar cada punto anterior, el “regaño” tiene ecos. Primero: cuando el secretario de Gobierno, Gabriel Mendicuti Loría, aseguró que les pidió a los “adelantados” del PRI “desquitar lo que se les paga porque todavía hay mucho por hacer”, se refería al año que resta de funciones para llegar a los comicios programados para el 3 de julio de 2016 en Quintana Roo, cuando se elegirá gobernador, 10 presidentes municipales y 25 diputados.

Durante los acostumbrados actos públicos de los informes en septiembre, los gobernantes con aspiraciones suelen desarrollar un amplio programa para fortalecer su imagen utilizando todos los recursos a disposición. Con prácticamente todo a su favor, algunos presidentes municipales consolidarán en dicha oportunidad su proyecto; o en caso contrario, terminarán por fracasar. Apuestan todo en ello.

Quien tiene doble chance es el de Solidaridad, Mauricio Góngora Escalante, quien el próximo 28 de julio encabezará el vigésimo segundo aniversario del municipio, en un encuentro ideal para lucirse y, de paso, comprobar el apoyo de los diversos grupos políticos tras él, ratificando la ventaja que le dan los analistas. Todas las estadísticas le favorecen.

Segundo: cuando Mendicuti sostuvo que “es una falta de respeto al Estado y al gobernador”, tiene razón. El mandatario Roberto Borge Angulo prepara su cuarto informe, ocasión para divulgar las cifras turísticas, de inversión, de crecimiento económico y de empleo que colocan al estado entre los primeros del país. Es un año para presumir, el del adiós, cuando su equipo debe cerrar filas en torno al líder, no para que sus colaboradores desorienten un proyecto; el cual, si tambalea, perjudicará más a ciudadanos que a servidores públicos. 

En política existe una teoría denominada “síndrome del pato cojo”, referente a la pérdida de apoyo que algunos gobiernos padecen de sus propios partidos y su electorado en su última fase, lo cual deriva en que los políticos más cercanos empiezan a operar en función de su campaña. Para evitar esto, el primer manotazo lo dio el responsable de la política interna, así que es posible den otros tantos si persiste la rebeldía. 

Por otro lado, tiene el respaldo de los poderes Legislativo y Judicial, donde su partido ostenta mayoría, y donde avanzan las reformas que más le interesan.

Insisto, en una ambiente inmejorable, los que aspiran deben servir más en las tareas del gobierno actual que forzando las expectativas futuras.

Tercero: íntimamente relacionado con el punto anterior, la situación de la oposición facilita tremendamente las cosas. Un PRD que se autodestruye por la desbandada de sus miembros y las broncas entre sus tribus; un PAN que no despunta en el estado, y unos partidos pequeños que se esmeran por figurar, las reglas son impuestas por el hegemónico tricolor y su aliado Verde Ecologista.

Desde sus trincheras, los opositores ven al gobierno consolidar el crecimiento económico, la estabilidad política y la paz social. Frente a eso, aunado a su grave condición interna, las posibilidades son reducidas, si acaso nulas.

Bien aplicado el que han llamado “jalón de orejas”. En el primer círculo no deben caer en el conformismo ni en la autocomplacencia, porque –tal como se reconoció– falta mucho por hacer.

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