24 de Septiembre de 2018

Opinión

El calor y los daños a la piel

La exposición excesiva a la radiación UV puede inhibir el funcionamiento normal del sistema inmunitario del cuerpo y las defensas naturales de la piel.

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En Yucatán tenemos en estas fechas del año una temperatura promedio de 30 a 36 grados Celsius, debido a las largas jornadas de sol .

Como ejemplo, podemos poner el pasado día viernes 24 cuando desde las 7 de la mañana ya había 26 grados de temperatura y la exposición directa al sol era insoportable.

No sólo el calor como resultado de la temperatura nos produce molestia, también está la exposición directa al sol que nos ocasiona daños en la piel que van desde una quemadura de primer grado hasta afectaciones permanentes entre las que se encuentran la queratosis actínica y el envejecimiento prematuro.

La queratosis actínica se caracteriza por la aparición de bultos en zonas de la piel expuestas al sol. La cara, las manos, los antebrazos y el cuello son particularmente propensos a este tipo de lesión. La exposición crónica al sol también provoca el envejecimiento prematuro y con el paso del tiempo puede arrugarse la piel, aumentar su espesor o tornarse áspera. Como este daño se produce gradualmente y por lo general se manifiesta muchos años después de la exposición al sol, el envejecimiento prematuro se suele considerar como un hecho inevitable, como parte del proceso normal de envejecimiento.

Sin embargo, la adecuada protección contra la radiación UV puede evitarlo en gran medida.

La exposición excesiva a la radiación UV puede inhibir el funcionamiento normal del sistema inmunitario del cuerpo y las defensas naturales de la piel. Todas las personas, de cualquier raza y color, pueden ser vulnerables a determinados efectos, que incluyen la disminución de la respuesta a las inmunizaciones, el aumento de la sensibilidad a la luz solar y la reacción a determinados medicamentos.  

Al exponer la piel a los rayos solares, el cuerpo comienza a producir un pigmento, denominado melanina, que absorbe los rayos y hace que la piel adquiera un tono bronceado. Pero este mecanismo defensivo natural no es suficiente contra los efectos nocivos de dos tipos de rayos ultravioleta (UV): los rayos UVA, que son responsables de que la piel adquiera un tono bronceado, y los rayos UVB, que son causantes del enrojecimiento. Lo más sano es no exponerse al sol de las 10 a las 16 horas.

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