16 de Julio de 2018

Opinión

Capellanes militares

La Iglesia Católica busca acercarse a las fuerzas armadas. No descarta la formación de sacerdotes que ayuden a sobreponerse de crisis personales a los militares.

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Ignoraba, como creo que muchos, la existencia de una Pastoral Militar, por la cual la Iglesia Católica busca acercarse a las fuerzas armadas. En un reportaje publicado en SIPSE.com nos enteramos de que la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) tiene una Dimensión de Fuerzas Armadas a cargo del presbítero José Fernando Tirado Becerril, y que pretende establecer cerca de las zonas militares y navales una capilla o parroquia para atender espiritualmente a soldados, marinos y sus familias. 

Aunque en México no existen capellanes militares, la CEM no descarta la formación de sacerdotes que ayuden a sobreponerse de crisis personales y familiares que los militares enfrentan por su particular estilo de vida nómada. Admiten que esta empresa es poco comprendida por muchos altos mandos militares, incomprendida por muchos miembros de la Iglesia y desconocida e incomprendida por la sociedad civil.

Me pregunto si realmente son necesarios los capellanes en las fuerzas armadas mexicanas. Hasta donde sabemos, para ingresar a la milicia no se cuestiona al aspirante qué religión profesa, si bien se da por sentado que los militares son apolíticos y arreligiosos, aunque esto ha ido cambiando.

En casi tres décadas de carrera convivimos con compañeros de distintas religiones, aunque no recordamos algún testigo de Jehová, quizá por aquello del saludo a la bandera y a los superiores. Admito que los no católicos eran muy disciplinados, responsables, correctos en su forma de expresarse, excelentes amigos y nunca trataron de adoctrinarnos.

Indagando más sobre el tema, encontramos que existe una página de Facebook de la Pastoral Militar México. Fue abierta el 23 de febrero 2014 e inició con este mensaje: “Los que al servicio de la Patria se hallan en el ejército, considérense instrumentos de la seguridad y libertad de los pueblos, pues desempeñando bien esta función contribuyen realmente a estabilizar la paz”. 

Es cierto que el ser humano tiene necesidad de acercarse a un Ser Supremo, sobre todo en momentos difíciles. Pero, ¿podrá la Iglesia concretar la empresa?

El soldado en brazos de Jesús

En la zona donde se encuentra la Secretaría de la Defensa Nacional (casi una pequeña urbe exclusiva de militares), en la Delegación Miguel Hidalgo de la Ciudad de México, se ubica la iglesia Cristo Rey de la Paz.

Afuera se encuentra una estatua de un soldado en brazos de Jesús; el soldado está muriendo. Ahí, el sacerdote Otto Francisco Galicia Soto celebra misa y, dicen, usa sotana verde olivo.Este padre brinda ayuda espiritual a los militares y sus familias.

Esa capilla tiene hermosos vitrales con imágenes de militares en diferentes aspectos de la vida castrense, y también una colección de insignias y condecoraciones que han ofrecido a Dios algunos al pasar a situación de retiro o en agradecimiento por un favor recibido. Como vemos, el tema de las parroquias o capillas cerca de instalaciones militares no es nuevo, y no pasa nada... nada malo, por supuesto, sino todo lo contrario.

Anexo "1" 

El Hermano Juan

Lo conocí hace cuatro décadas en Mazatlán, a bordo del Guardacostas "Ponciano Arriaga". En ese entonces era Segundo Maestre Tornero. Se llevaba bien con toda la tripulación. Siempre sonriente y de trato amable, tanto con superiores como subordinados.

Por ese entonces yo era un marinero de apenas 18 años en busca de futuro. De cuando en cuando charlábamos e invariablemente nos remitíamos a "la palabra de Dios". De él recibí mi primera Biblia que aún tengo en casa, versión Casiodoro de Reyna-Cipriano de Valera (la llamada del Oso). Escribí en la primera página: Mazatlán, Sinaloa, 1976.

Al Hermano Juan lo volví a ver en 1997,  ya como Capitán de Corbeta y Jefe de Servicios de la Zona Naval de Mazatlán. Yo, ya Teniente de Corbeta, iba de paso hacia la que sería mi antepenúltima comisión: Puerto Cortés, Baja California Sur. A él le debo el haber conocido la Biblia... y 200 pesos que me prestó para llegar a mi puerto base. No se me olvida, hermano. 

Paradójicamente, no llegué a la congregación de Juan Silva Nevarez, que era evangelista, sino a otra fraternidad que marcó mi vida... pero este es tema de otros Acaecimientos.

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