24 de Septiembre de 2018

Opinión

Carlos Joaquín, el Jefe Máximo

Los políticos pueden reinventar el discurso y la forma con que interactúan con los gobernados, pero no su formación primaria...

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Los políticos pueden reinventar el discurso y la forma con que interactúan con los gobernados, pero no su formación primaria, y no hay en México uno que no aspire a gobernar sin contrapesos, pasar mucho más allá de lo necesario para asegurar la gobernabilidad; y el mandatario de Quintana Roo, Carlos Joaquín González, lo ha logrado en menos de dos meses de gobierno, todos los partidos se han rendido a su voluntad; pero esa circunstancia no necesariamente es favorable para los quintanarroenses.

Apenas hace dos semanas, en este mismo espacio le comenté que “en lo político, Joaquín González está más que fortalecido, todos los partidos se han prácticamente rendido a su voluntad, incluyendo el PRI que estaría ya por desaparecer como contrapeso, lo cual no necesariamente es bueno; en los últimos años Quintana Roo ha padecido gobiernos cuyos abusos no son atajados, por lo menos discursivamente, por alguna oposición política, el efecto inmediato se verá en las elecciones de 2018”, esto a propósito de la “extraña” distancia puesta por el diputado federal, José Luis Toledo Medina, respecto del que fuera su mentor político y ex gobernador, Roberto Borge Angulo, y de su aparente intención por dirigir los destinos del tricolor en breve.

El PRD renovó su dirigencia con un Jorge Aguilar Osorio que, aunque renunció en su momento a la militancia del sol azteca, nunca se alejó del padrinazgo de Julián Ricalde Magaña, secretario de Desarrollo Social de Carlos Joaquín, con lo cual, en los hechos y no necesariamente en el discurso, por ahora es un partido oficial, uno de los dos, por cierto, que postuló a Joaquín González para la gubernatura.

El otro, el PAN, renovará los primeros días de diciembre su dirigencia y ayer se registró una planilla de “unidad” con los dos contendientes que había: Juan Carlos Pallares Bueno y Mario Rivero Leal; pero la filtración de un mensaje de audio de este último evidenció el control que el gobernador tiene sobre el partido, pues en dicho mensaje Rivero Leal dice estar obligado –so pena de “quedarse solo”- a firmar el pacto de unidad, pues “el gobernador no quiere elección”. Horas más tarde el panista compartió un video en sus redes sociales en el que desmiente esa sumisión, diciendo que en el PAN hay “respeto” por el gobierno estatal, pero sus decisiones son autónomas. Inútil intento, el daño estaba ya hecho.

Pero en el fondo subyacen la formación política de todos los partidos, el autoritarismo como regla fundamental, la existencia de un jefe político máximo de todos; las siglas son lo de menos. Con lo anterior queda claro además que ningún instituto político es “aliado” del gobernador, con este en el cargo todos son sus empleados, al igual que sus integrantes; de ahí que la falta de contrapesos represente un riesgo real de excesos desde el poder. Hasta ahora el único partido opositor sería el Verde Ecologista, que en la figura de Remberto Estrada pudiera tener al único competidor contra el gobierno.

Por ahora, Carlos Joaquín González controla a todos los partidos restantes, el discurso es lo de menos, la realidad muestra que, hasta la siguiente elección, todos marcharán juntos por sus intereses… los de la ciudadanía y el buen gobierno pueden esperar.

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