20 de Octubre de 2018

Opinión

Carnes y reuma: terrorismo informativo

Los pacientes arriba de 50 años, portadores de osteoartritis o los niños y mujeres jóvenes que sufren de artritis reumatoide, se ven innecesariamente obligados a limitar su consumo de carnes.

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Desde épocas ancestrales, muchos alimentos que  a diario consumimos se han visto relacionados con el incremento o presencia de problemas reumáticos. Existen  personas con antecedentes familiares que padecen de dolores y, por tal motivo, la zozobra los embarga cada vez que desean consumir un buen corte de carne o suculento marisco. 

Dentro del manejo integral, no es raro que les obliguen a excluir embutidos y derivados de la res y cerdo, pero: ¿tiene esto en realidad algún sustento verdadero? Precisamente sobre estos desacuerdos les comento. 

En primer lugar, analicemos el caso real de la artritis gotosa, famosa en la historia por afectar principalmente a reyes y gente rica, asociada con el depósito de cristales de acido úrico en las articulaciones, presentándose de forma súbita, con inflamación aparatosa y con dolor limitante en sitios como el dedo gordo del pie, empeine o rodillas. Para que esto suceda no bastan los excesos de alimentos cárnicos o de alcoholes, sino que es condición indispensable la presencia de factores genéticos predisponentes que impidan la eliminación y generen consecuente aumento del ácido úrico en la sangre. 

Entre los mitos, enfatizo, está  que muchas veces los pacientes arriba de 50 años, portadores de osteoartritis conocida como enfermedad articular degenerativa (desgaste de cartílagos), o los niños y mujeres jóvenes que sufren de artritis reumatoide, temida por sus deformidades e invalidez, siguen siendo innecesariamente obligados a limitar su consumo de carnes por el temor infundado de que éstas les produzcan daño o empeoramiento de síntomas reumáticos. La realidad es que hasta la fecha no tenemos evidencias científicas que vinculen el consumo de carnes con la aparición de estas dos enfermedades y mucho menos con su progresión. 

En conclusión: ¿por qué algunas personas sin tener gota y teniendo artrosis o artritis reumatoide cuando comen carnes sienten una intensificación de su dolor articular? Existen variaciones genéticas que hacen susceptibles a determinadas personas a reaccionar inmunológicamente a componentes de la carne, desencadenando mecanismos de respuesta,  con síntomas articulares, sin en realidad producir artritis. 

Querido lector, sugiero que si tienes parientes cercanos que han padecido de alguna enfermedad reumática y dudas sobre el origen o motivo de los dolores articulares que te aquejan, acudas con un especialista en la materia, antes de ser víctima del “terrorismo seudo-informativo” y te veas limitado a disfrutar una exquisita noche acompañado de tu corte o marisco preferido.

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