19 de Octubre de 2018

Opinión

Carta a Santa Claus

Un verdadero cambio social implica comprometerse aún más con la educación.

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Estimado gordito, la estrepitosa caída del precio del petróleo a niveles inferiores a cincuenta dólares el barril nos pone a temblar ante el recrudecimiento de la recesión que nos agobia desde años atrás y de antemano nos quita toda la ilusión y los buenos deseos para el próximo año. 

Si a la crisis petrolera le agregamos la impunidad y la corrupción de autoridades, funcionarios y representantes de los tres poderes, entonces no tendremos nada qué festejar y sí mucho que lamentar.

No hay duda, la descomposición social que hoy nos agobia es un cáncer que descuidamos desde hace años y hoy no sabemos cómo controlarlo. Es triste ver a la juventud marchando en las calles o destruyendo planteles educativos e interrumpiendo el ciclo escolar por asuntos de origen político; indignante es la actitud de las autoridades de todo orden de gobierno ante los movimientos y desmanes de miles de maestros de la CNTE que paralizan la economía de varios gobiernos y retrasan el desarrollo de la sociedad.

Falta mucho por venir, todavía no hemos tocado fondo. La clase política no debe confiarse, ni  ignorar los brotes de violencia que a diario son titulares en los medios de comunicación. No basta uno, ni dos o más sexenios con leyes represivas para controlar el caos, se necesitan varias generaciones y un nuevo sistema político para enderezar el rumbo. Aún después de nuestro sangriento pasado, los mexicanos seguimos soportando injusticias y vejaciones heredadas desde hace quinientos años.

Soñar con un verdadero cambio social implica comprometerse aún más con la educación del pueblo, no con un servicio que busca solamente cubrir el compromiso constitucional de la educación gratuita que otorga el Estado; sino una educación diseñada de acuerdo con la idiosincrasia del mexicano, las necesidades sociales y el desarrollo del país. Una educación pensada para que  los mexicanos transformen este país.

Un sueño de este tamaño cuesta, y mucho, pero hay que entrarle. Pero cómo hacerle. Para el próximo año no tendremos suficiente dinero y sí muchas elecciones y gastos de campañas. 

¿Y ahora, quién podrá defendernos? Ya perdimos al Chapulín Colorado, sólo nos quedan tú y los Reyes Magos, un poco más de dinero es lo que necesitamos, dale la mano a este noble pueblo que sólo vive y sueña en sobrevivir. 

A todos les deseo una alegre Nochebuena y una feliz Navidad.

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