25 de Septiembre de 2018

Opinión

Cartas de amor

El amor es un tema inagotable, se vive, sufre, goza y, en ocasiones, se escribe.

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Más que los besos, son las cartas las que unen las almas.- John Donne

El amor es un tema inagotable, se vive, sufre, goza y, en ocasiones, se escribe. Gabriel García Márquez lo hace contando una de las historias de amor más entrañables, reflejo de aquél de antaño que se alimentaba tan sólo de miradas y cartas. En “El amor en los tiempos del cólera”, Fermina Daza y Florentino Ariza sólo pueden amarse a través de la espera: “Ni el uno ni el otro tenían vida para nada distinto de pensar en el otro, para soñar con el otro, para esperar las cartas con tanta ansiedad como las contestaban”.

En la vida real siempre ha existido una especie de curiosidad por adentrarse en la vida amorosa de personajes icónicos de la historia y la mejor manera es a través de su correspondencia personal. De alguna forma estos textos pasaron con el tiempo de lo íntimo a lo público a través de libros que los recopilan y nos regalan a los lectores románticos del siglo XXI vivir la nostalgia que envuelve lo epistolar, tan lejano hoy de nuestras vertiginosas vidas. Podríamos mencionar una muy extensa lista de títulos, sin embargo estas líneas se abocarán a sólo dos en específico, a aquellos amores que llegaron a buen puerto y a otros que fueron, desde un inicio, imposibles.

Durante 7 años Juan Rulfo mantuvo un intenso y apasionado intercambio epistolar con su futura esposa y estas febriles cartas están reunidas bajo el título “Cartas a Clara”, en ellas se conoce a un tierno y enamorado Rulfo, que con cada palabra bien mereció ser amado y correspondido por esta bella mujer a quien le dice: “Y yo te digo que sí existe para mí un único refugio, el primero y el último refugio que me queda, eres tú”.

La libertadora del libertador, Manuela Sáenz, lo fue en todos los sentidos, no sólo le salvó la vida a  Bolívar, también influyó en él política y sentimentalmente, pues aún estando casada mantuvieron una apasionada relación por correspondencia que hoy es pública bajo el título “Las más hermosas cartas de amor entre Manuela y Simón”, que nos dejan ver el lado más sentimental de aquellos que sólo pudieron acariciarse a través de las palabras selladas con tinta indeleble: “Llegaste de improviso, como siempre. Sonriente. Notoria. Dulce. Eras tú. Te miré. Y la noche fue tuya”. 

Aunque en esta sociedad líquida en la que vivimos ya no se escriban tanto este tipo de cartas el amor seguirá impregnando páginas. 

P.D: Analy y Jahaziel que su amor también sea infinito, inagotable, indeleble.

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