20 de Septiembre de 2018

Opinión

Causas perdidas

No me refiero a causas que no tienen posible éxito, ni a las que han perdido el rumbo, sino a que las causas se les han perdido a los partidos políticos.

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O 'Causas extraviadas', pero es también equívoco. No me refiero a causas que no tienen posible éxito, ni a las que han perdido el rumbo, sino a que las causas se les han perdido a los partidos políticos. Las extraviaron.

En la prehistoria de la democracia, allá por 1979, partidos de distinto signo, desde el sinarquista Partido Demócrata Mexicano, hasta el PCM, pasando por otros variopintos organismos opositores, buscaban atraer a los electores a sus posiciones programáticas. Obtener mayorías electorales suponía lograr un consenso social favorable al conjunto de propuestas partidarias. Rápidamente, esta dinámica se demostró ineficaz para, en efecto, ganar comicios. Peor aún, exhibió su desventaja competitiva frente a partidos pragmáticos que, sin planteamientos de largo plazo, lograban capitalizar las todavía menores disidencias priistas, o establecían alianzas de subordinación al tricolor. A cambio de dar su apoyo al oficialismo en situaciones desde comprometidas hasta impresentables, disfrutaban de financiamiento grupal e individual, y de distintos premios, incluyendo electorales en un sistema aún definido por el fraude.

Eran partidos paraestatales, a todas luces inviables bajo un régimen democrático... pero ganaron. Pese a que tras el terremoto ciudadano de 1988 sus más notables representantes -como el Partido Socialista de los Trabajadores y sus secuelas- perdieron el registro electoral, sus prácticas, y en muchos casos sus integrantes, transitaron exitosamente a otros institutos, especialmente al PRD. En éste, tras casi 25 años de conflictos internos, los dirigentes del PST se han erigido en fuerza imbatible. En el PAN, por su parte, la pérdida de la Presidencia tras doce años de gobierno dejó una voraz nata de políticos palaciegos, crecidos con las mieles del poder y desconocedores de toda lucha social. Urgidos de recuperar sus privilegios, se apuñalan unos a otros para alcanzar posiciones de poder y dinero. Poca diferencia de fondo se puede encontrar en los procesos que viven Morena, MC o el PANAL, y ni hablar del Verde o del PRI.

Triste horizonte: sin más fin que la caza de la fortuna, éstos son los partidos que se repartirán el poder del Estado mexicano en unos cuantos meses, pues, según nos dicen las encuestas, mantienen sólidas corrientes electorales, pese a su desprestigio.

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