14 de Noviembre de 2018

Opinión

Cecilio, un alma sencilla y grande

Cecilio ya es patrimonio de la humanidad, y en cualquier parte del mundo donde su guitarra provoque emotivas sensaciones, será reconocido.

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La grandeza de un pueblo es producto del esfuerzo  y talento de sus habitantes, que a través del tiempo van  imprimiéndole a su cultura y cuando estos esfuerzos han sido realizados por hombres excepcionales, sus logros dejan una huella indeleble en su historia y son un acicate para que otros intenten emularlos o puedan cuando menos estar a la altura de sus predecesores. 

La originalidad de la cultura yucateca es consecuencia del trabajo de muchos hombres -y para estar a tono con los políticos- y mujeres anónimos y anónimas,  pero sobre todo de algunos muy destacados en el campo de las ciencias, las artes y  los deportes, en los que nuestra tierra es pródiga y que no sólo han brillado en su terruño, sino también en los más altos niveles de  su actividad en el mundo.

Justamente uno de ellos es Cecilio Perera Villanueva, cuyo virtuosismo para tocar la guitarra, instrumento tan ligado a nuestra música, lo ha llevado al país que quizá más haya aportado a la música clásica, Austria, y en particular a la escuela Motzarteum de Salzburgo,  ciudad  donde nació, si no el más, sí uno de los más grandes genios musicales que haya dado el género humano, Wolfgang Amadeus Mozart. Cecilio no solamente estudió guitarra clásica en esta escuela con una trayectoria brillante, ganando  numerosos concursos internacionales, sino que actualmente es maestro en este prestigiado centro, teniendo el mejor ambiente para continuar desarrollando ese divino don, que es la sublime interpretación de la música en seis cuerdas y seguir difundiéndolo en los más importantes recintos del mundo. Hace unos días brindó una pequeña muestra del desarrollo de su talento, en el Peón Contreras,  donde verdaderamente conmovió  y fue aclamado, rompiendo el mito de no ser profeta en su tierra; si esto lo ha logrado ahora que tan sólo tiene 29 años, quisiera escucharlo dentro de algunos años cuando su arte se haya añejado y madurado como los buenos vinos, será una maravillosa degustación auditiva que embriagará el alma.

He tenido la oportunidad de conocerlo personalmente y si su calidad artística es de altos vuelos, su calidad humana está a la misma altura; la grandeza de un hombre está dada en gran medida por el sometimiento de la soberbia, la domesticación de la vanidad y es también  proporcional a la humildad y la sencillez, y este joven talentoso yucateco posee todas estas virtudes. Cuando le pregunté cuál era la ciudad más musical, de inmediato mencionó que Viena, a lo que  dije que no, pues era La re do y su respuesta fue una espontánea carcajada. 

Por su calidad artística Cecilio ya es patrimonio de la humanidad, y en cualquier parte del mundo donde su guitarra provoque emotivas sensaciones, será reconocido y su grandeza aumentará, así como la de la tierra donde tiene sus  raíces, a la que  siempre  retornará, para  orgullo de los muchos yucatecos que lo admiramos.

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