22 de Septiembre de 2018

Opinión

Cenizas en el mar

Ante la prohibición del Papa Francisco, los marineros tendrán que cambiar su último deseo de que sus cenizas sean esparcidas en el mar.

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La última voluntad de los viejos marinos -y de algunos actuales- cuando fallecieran era que sus cenizas fueran lanzadas al mar para rendir tributo a Neptuno. Pero ahora, el papa Francisco ha prohibido dispersar las cenizas en la tierra, en el aire o en el mar, o conservarlas en el hogar de la familia del difunto, pues se considera que no es la forma respetuosa que la Iglesia espera y quiere para sus miembros. Bueno, habrá que cambiar ese último deseo marinero, por romántico que parezca.

Recuerdo haber asistido a un par de funerales de almirantes haciendo guardia de honor ante el féretro, pero nunca presencié el esparcimiento de cenizas en la mar, un ritual atribuido a los vikingos, y hay registros de que hace unos 3500 años se realizaban en el mar Mediterráneo. Leo que las familias se embarcaban durante tres días avituallados de comida y bebida en ese viaje en el que, además de despedirse de las cenizas, resolvían los asuntos de herencia y renovaban pactos de familia. 

Otra costumbre marinera era arrojar al mar los cuerpos durante la travesía, esto por razones higiénicas, pues no había forma de conservar un cadáver. Sólo se conoce el caso de Horacio Nelson, el almirante inglés héroe de tres memorables batallas y en cuyo honor los marinos llevamos tres cintas blancas en los puños y las solapas de los uniformes; se dice que su cuerpo fue trasladado en un tonel de coñac a puerto tras la batalla de Trafalgar en donde fue mortalmente herido a bordo del legendario “Victory”.

Leo también que por el año 2008, en Acapulco, Guerrero, tres empresarios replicaron el ritual vikingo y crearon InMemoriam, que ofrece esparcir cenizas al mar dentro de urnas biodegradables hechas con papel, sal o fécula de maíz, que después de un par de días se deshacen y las cenizas (calcio y carbón) se diluyen en el agua o se precipitan al fondo  marino. Además, tienen los “arrecifes de vida”, unas estructuras de cemento de un metro de altura sumergidas en el Pacífico, dentro de las cuales se guarda una perla de cemento con las cenizas, que con el tiempo se convierten en arrecifes naturales. 

Esta puede ser una buena opción para los marinos y quienes deseen la cremación, aunque no hay que olvidar que, para la iglesia, la dispersión de las cenizas no tiene ningún sentido cristiano.

Anexo "1"

El Canal de Zaragoza

El pasado miércoles, el subsecretario de Marina, almirante Joaquín Zetina Angulo, presentó en Chetumal el proyecto del Dragado del Canal de Zaragoza al gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín González.

El funcionario naval destacó la importancia del proyecto, al ser una vía de navegación marítima que comunica a la Bahía de Chetumal con el Mar Caribe empleando únicamente zonas mexicanas. El plan prevé ampliar el canal, de 50 a 100 metros, y darle mantenimiento de dragado, que debe ser permanente, como se hace en el puerto de Salina Cruz, Oaxaca.

Al respecto, recuerdo que durante mi estancia (años 80 y 90) en la Región Naval con sede en Chetumal, había un proyecto sobre el Canal de Zaragoza, que, al parecer estaba archivado porque, decían los comandantes, el canal siempre tendería a azolvarse.

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