15 de Noviembre de 2018

Opinión

Chico Che Granier y la supercrisis

Nada de malo hay en juntar un dinerito para repartirlo entre los pobres... amigos de Granier; lo malo es que, a ritmo de Chichoché y La Crisis, a alguien le tocará bailar con la más fea y no precisamente con Elba Esther...

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Al ritmo de “no tiene culpa la estaca si el sapo salta y se ensarta”, se descubrieron unos yacimientos de dinero presumiblemente propiedad de Chicoché Granier y la supercrisis.

Y por supuesto, los adictos a la austeridad republicana ya piden su cabeza empalada en la Estafa de Luz, ahora que un puñado de funcionarios de medio pelo va a cargar con las culpas de su exponencial sobrecosto y proverbial estupidez arquitectónica.

Digo, en vez de que la icónica figura de Granier con sus mil trajes adornara la punta de la Gran Suavicrema (yo preferiría para tal efecto al nieto de Murillo Karam como símbolo de respeto, comedimiento y la misoginia de la Loca Academia de Juniors en Éxtasis), por envidia me lo quieren convertir en el nuevo Moreira.

Bueno, cómo estará la cosa que hasta Manlio Fabio Superstar, ya sin su bigotito y con look metrosexual (nomás le faltó llegar a San Lázaro gritando ¡Aaaarroooozzzz!), exigió investigar al exgóber.

Como quiera que sea, es muy de resentidos esperar que, todavía que dejó unos buenos fajos de billetes para repartir entre el perradón de mexicanos, el distinguido Andrés Granier, uno de los borrachotes más simpáticos que ha dado el edén tabasqueño, sea llevado a cuentas por atreverse a tener una vida como de hijo de Robero Deschamps.

O sea, con tantos años de trabajo fecundo y creador con los que este admirable personaje amasó una pequeña fortuna para llevar a la tintorería sus chorrocientos trajes, pantalones y tangas atigradas de bajo color, para que ahora me lo quieran tratar como si fuera la maestra Gordillo. Ni que se pusiera como el ministro Góngora Pimentel.

Digo, ya nomás por los magníficos actos de lloriqueo público que el químico interpretaba cada vez en que en la entidad había una inundación, Granier se merecería darle una Diosa de Plata porque su actuación superó, con mucho, a los de toda la filmografía tragicómica de Prudencia Griffel, Sara García, Chachita y Lucerito.

Además tiene su gracia que mientras armaba aquellos montajes estilo La fea más bella, el gran Granier pensaba en los 400 pares de zapatos que se iba a comprar. No se diga las cajas de huevo Bachoco que iba a llenar con todo ese billete grande que le sobraban a los programas sociales y de desarrollo que los tabasqueños de cualquier manera no iban a saber valorar.

Claro, el plan original de Granier era juntar unos importantes volúmenes de billetes para superar a Zhenli Ye Gon, en lo que se refiere a la capacidad para la acumulación originaria de dinero mal habido.

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