18 de Agosto de 2018

Opinión

Ciudad y transporte público

En este necesario proceso de modernización del transporte público el objetivo central debe ser procurar ofrecer una movilidad digna a toda la población.

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Al asumir el compromiso de trabajar en la modernización del sistema de transporte público nos damos cuenta de los defectos que en materia de diseño urbano tiene Mérida; al analizar la problemática vial pareciera que lo que debe preocuparnos es resolver los embotellamientos, enfoque que es verdaderamente regresivo, ya que hacerlo implica destinar buena parte de los recursos públicos en beneficio de quienes más tienen, quienes más automóviles poseen.

En este necesario proceso de modernización del transporte público el objetivo central debe ser procurar ofrecer una movilidad digna a toda la población y no la simple pretensión de aliviar la saturación vial en algunos puntos y momentos, con el simple propósito de reducir o eliminar las incomodidades de las que se quejan los propietarios de automóviles, que pretenden utilizarlos hasta para ir a la tienda de la esquina.

Está demostrado, sobre todo en las prósperas ciudades del primer mundo, que cuando la población se moviliza utilizando las alternativas que ofrece el transporte público el ahorro, en todos los sentidos, es enorme, empezando por la calidad ambiental.

El hecho de priorizar el uso del automóvil como elemento esencial en la movilidad urbana es transitar hacia una ciudad más extensa y con una red vial más amplia, lo que de manera progresiva incrementa los costos de su construcción y mantenimiento, consumiendo recursos públicos, recursos de todos, que serían mejor aprovechados si se destinaran a mejorar la educación y la convivencia ciudadana, especialmente en materia cultural.

Pareciera que hoy día lo que importa no es que los ciudadanos se encuentren y convivan, sino todo lo contrario, que circulen aislados; importa más la movilidad individual que la felicidad. Indudablemente el automóvil es una estupenda opción de movilidad, opción que desafortunadamente funciona mal en horas pico. Construir nueva infraestructura vial, como distribuidores y vías rápidas que “mejoren” la existente, para tratar de resolver el problema de los embotellamientos y la saturación vial, es casi como querer arreglar el problema de la gordura aflojando el cinturón o tratar de apagar el fuego echándole gasolina. En resumen, avancemos en vez de retroceder.

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