11 de Diciembre de 2017

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Se debilitó el bipartidismo en Yucatán, ya que fuerzas políticas emergentes ganan espacios no por su logotipo, sino por la trayectoria personal de sus candidatos.

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Los resultados de las elecciones del domingo 7 demuestran que los  ciudadanos saben emitir un voto dividido para impedir la concentración del poder en un solo partido y también  ejercer el voto de castigo. 

En el caso del PRI en Mérida, privilegiar el reparto de sus candidaturas a los diferentes grupos políticos motivó que sus candidatos y sus prioridades fueran más de índole personal que grupal, además de que el voto de los ciudadanos indecisos estuvo dividido y a esto se le añade que entre los grupos tricolores también hubo voto de castigo hacia su candidato en Mérida.

Es por ello que salieron electas la mayoría de las propuestas, como Daniel Granja en el primero, Marisol Sotelo en el segundo, Verónica Camino en el tercero, Antonio Homá en el sexto y Celia Rivas en el séptimo, pero también en Mérida triunfan los candidatos a diputados federales Pablo Gamboa y Francisco Torres, todos ellos integrantes de diversos grupos del PRI.

Con los panistas fueron varios los factores que ayudaron a que su candidato Mauricio Vila triunfara, como la conformación de una planilla de unidad, lo que motivó que se sumaran al trabajo partidista diversos liderazgos. El peso del logotipo del PAN y el deterioro de la figura del presidente Enrique Peña motivaron que los ciudadanos optaran por la permanencia del PAN en la Presidencia Municipal,  pero no respaldaron de la misma manera a la mayoría de sus candidatos a diputados locales y federales.

Algunos candidatos a diputados del PAN fueron electos en medio de acusaciones como: falta de equidad,  un padrón partidista amañado o que se favoreció a los candidatos que son cercanos al  alcalde de Mérida Renán Barrera, entre ellos  Víctor Hugo Lozano, quien pretendía ser diputado federal, o la ex regidora Yajaira Centeno. Al no haber operación cicatriz, ni tampoco sumar a sus rivales internos, se propició que los panistas otorgaran el voto de castigo, además del voto dividido de los ciudadanos.

Tanto al PRI como al PAN les urge preparar nuevos cuadros, figuras que tengan la capacidad de aglutinar sinergias, nuevos perfiles con rentabilidad política, pero sobre todo que sean reconocidos y aceptados por la sociedad.

Los resultados de esta elección ponen en desventaja al PRI para la próxima elección, cuando se renovará el gobierno estatal, ya que los tricolores pierden ciudades importantes, algunas de ellas por la mala elección de sus propuestas, como Valladolid con Mario Peniche y Umán con José Castillo, ya que donde hubo buenos candidatos ganaron, como Kanasín, donde impulsaron al joven Carlos Moreno.

El PAN gana ciudades importantes con candidatos noveles,  como Umán con Freddy Ruz,  Hunucmá con Alberto Patrón -que por cierto no fueron prioridad para su dirigencia estatal-, pero hasta el momento no existe una figura fuerte en este instituto que sea capaz de ganar la gubernatura.

En esta elección se debilita el bipartidismo en Yucatán, ya que fuerzas políticas emergentes ganan espacios no por su logotipo, sino por la trayectoria personal de sus candidatos.

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