22 de Octubre de 2018

Opinión

Códigos de templarios michoacanos

Desertores de los templarios han revelado que la conducta de los líderes dista mucho de sus postulados.

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“Si, por desgracia, yo traicionara mi juramento, ruego ser ejecutado por la orden como un traidor”, reza el código de los Caballeros Templarios de Michoacán, divulgado en julio de 2011 por The Associated Press, lo que confirma que se dejó crecer a este grupo delictivo, y ahí están las consecuencias.

El surgimiento del grupo criminal se ubica el 8 de marzo de 2011, y se atribuye a Servando Gómez Martínez, “La Tuta”, y Enrique Plancarte Solís, “El Kike”. Su misión principal era “proteger a los habitantes y al territorio sagrado del Estado libre, soberano y laico de Michoacán”.

Partes medulares del juramento (página 22 del código, que difundió AP) señalan: “Juro combatir la injusticia y socorrer a mi prójimo. Juro respeto a las damas, veneración a las madres, protección a los niños y a los ancianos, asistencia a los enfermos y a los necesitados”.

Sin embargo, desertores de los templarios han revelado que la conducta de los líderes dista mucho de sus postulados: “Decían que no se debía maltratar a las mujeres y lo hacían; que no había que llevarse niñas y también lo hacían; que no se dedicaban al secuestro y secuestraban’’, reveló a La Jornada un ex templario que pasó a filas de las autodefensas.

Ese código tiene reminiscencias de los postulados de la Orden DeMolay, formada tras la muerte de Jacques de Molay -último Gran Maestre de los templarios-, de los Rosacruces y de la Francmasonería, sociedades iniciáticas vigentes cuyos orígenes y fines pueden consultarse en diversos sitios de Internet. 

De ahí que cuando el grupo michoacano comenzara sus andanzas, hubo mucha gente que, conociendo la historia de la Orden del Temple (su propósito era proteger las vidas de los cristianos que peregrinaban a Jerusalén), rechazaba que se les llamara Caballeros Templarios.

Hoy, acotados por las fuerzas federales, los mal llamados templarios michoacanos han demostrado que los antivalores norman su conducta y que sus militantes esperan lealtad y obediencia absoluta... o la aplicación de su código.

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