26 de Mayo de 2018

Opinión

Reforma migratoria

El sueño americano se ha invertido: ahora la tía Gemaima tiene en mente regresar a Veracruz para que su 'negrito' crezca junto al mar...

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La enorme tía Gemaima explica a su hijo:

−Pronto nos iremos del Bronx. Nuestra casa por generaciones no ha bastado para salir de la pobreza y discriminación. Nos siguen viendo feo y ahora, al menor motivo, la policía nos balea. Aquí vamos a ser pobres toda la vida y, muy a pesar del señor Obama, seguimos siendo afroamericanos.

-¿No crees que nos hemos  ganado el derecho a ser norteamericanos?  Nos vamos para Alvarado, Veracruz, en México. Allá viven los morenos. Tienen oscuro el color de la piel porque hay mucho sol, mucha agua y mucho calor.

-Clima sabroso y ardiente casi todo el año, vegetación, playas donde bañarse, pescado fresco, deliciosos guisos de mariscos y frutas tropicales. Diremos adiós a estos inviernos y al fastidio de ser de color en este país.

-Seguirás tus estudios y crecerás junto a la brisa marina. Allá el pobre es menos pobre; lo verás. El tío Tom lleva el peso del proyecto. Hay grandes inversionistas con fondos suficientes para establecer nuestra colonia y formar las empresas que nos darán empleo para vivir con dignidad.

-A diferencia de los indocumentados no brincaremos bardas ni pasaremos la frontera como criminales. Como resultado de la reforma migratoria que firmarán los dos países, un millón de jodidos americanos tendremos visa para vivir y trabajar legalmente en México.

-Nuestro gobierno estará muy atento a cualquier violación a nuestros derechos humanos, además vendrán marines para protegernos de los malos.

−Oye Ma, ¿y qué sabes tú cómo nos van a tratar las personas de Alvarado?

−Pues mira: el tío Graciano me explicó que muy bien. En cuanto a ti, de seguro te van a decir “Negro hijueputa”.

Erizado, el chiquito pela los ojos y exclama:

− ¡Ma, pero eso se oye muy feo!

La madre emite una carcajada. Se seca las lágrimas y responde ante al azoro de la criatura:

−La gente de la costa es de por sí insolente y así se hablan entre ellos. Además, recuerda esto: el único lugar del mundo donde un negro se ofende si lo llaman así  es en los Estados Unidos. En América Latina a ninguno le importa.

El negrito se acerca a la madre y se envuelve en su regazo.  El calor y la confianza le dan ánimo. Conforme sus ojos se cierran y avanza en el sopor, imagina arena, mar, palmeras y brisa, sabrosos ceviches y caldos de jaiba. Mucho calor y mucho hijueputa.

 ¡Vaya biem!

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