20 de Noviembre de 2018

Opinión

Pausa con novela incluida

Me congratulo de haberlo escogido entre las novedades de la librería: 'Nos imputaron la muerte del perro de enfrente' es un libro altamente recomendable.

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Querido lector, considerando tomar un periodo vacacional para despejar la canasta mundana, obtener frescura en mis textos y como una excusa para cumplir mi compromiso dominical, he decidido aprovecharme de párrafos escogidos de la excelente novela de Alejandro Hernández: Nos imputaron la muerte del perro de enfrente, editorial Planeta, 2014.

Me congratulo de haberlo escogido entre las novedades de la librería y gozar el lenguaje campirano con toda su malicia. Muy recomendable. Ubicada en un insólito pueblo llamado Tres Piedras, el autor tiene la pericia y la solvencia literaria para entregarnos diferentes puntos de vista respecto de un crimen cometido en el lugar, emitidos por una muestra representativa de singulares pobladores.

Cito textual: “Para algunos la vida es complicidad, compañerismo en el saqueo, intercambio de favores, instantes de embozo y despojo, pillaje a la luz del poder y muertes arrancadas a la noche sin testigos. Si los días se nublan, si las corolas se marchitan, si se humillan las montañas, si se prolongan las tinieblas, si se revientan los sueños, a Tres Piedras no le importa.

"Si todos lo saben todo ¿para qué luchar por develar lo que para todos es claro? Sólo a nosotros se nos ocurre pensar en los misterios y en los crímenes. Decimos que buscamos las causas y no es cierto. Si eso fuera, ya hubiéramos terminado nuestro trabajo. Las causas son claras. Lo que es difuso es quién reacciona y quién no.

"Quién se calla para seguir viviendo y quién se aventura a rescatar aunque sea un pedacito de su dignidad. Estamos enfermos de formalidades y en las formas nos quedamos, incapaces de mirar lo que vemos, reticentes a tanta transparencia. Reducidos a nuestra condición de animales, la razón no nos da para percibir los actos y los reflejos de lo que hacemos.

"El pensamiento se nos disminuye hasta limitarse a sombrear las cosas, desde nuestros delitos hasta nuestros pasatiempos. Para saber hay que saber sentir.

"Desde los tronos no se advierten las miserias. Mezclados entre barro y lodo, escapamos a la condena sentenciando a otros: que se mueran, que se destierren de su origen, que se quiebren en sus ansias, que se evaporen con su llanto, porque no hay manantial que soporte tanta lágrima ignorada ni cementerio que aguante tanta soledad mal entendida”.

¡Vaya biem!

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