24 de Septiembre de 2018

Opinión

Diálogo con el pasado

El diálogo con el pasado no puede reducirse a una búsqueda de información histórica, advertía recientemente el sacerdote Juan Antonio Muñoz, misionero de Guadalupe, y aludía al pensamiento de san Roberto Belarmino.

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El diálogo con el pasado no puede reducirse a una búsqueda de información histórica, advertía recientemente el sacerdote Juan Antonio Muñoz, misionero de Guadalupe, y aludía al pensamiento de san Roberto Belarmino, que decía: “Tiempos nuevos, ideas nuevas, pero los mismos compromisos”.

En el marco del centenario de la fundación de los Misioneros de Maryknoll, el padre Muñoz, en el artículo “El porvenir de los misioneros”, decía que la esencia de la Misión sigue siendo la misma: los misioneros y sus colaboradores son enviados a las naciones para ofrecer sus servicios a favor del bienestar espiritual y material de la gente”.

Y subrayaba: “Es necesario enfrentar, con determinación semejante a la de épocas anteriores, los desafíos actuales: reorientar a una sociedad cada vez más materialista y consumista hacia las fuentes espirituales y morales más profundas”.

El padre Juan Antonio Muñoz Hernández nació el 21 de marzo de 1947 en Aguascalientes, Aguascalientes, pero creció en la ciudad de México, donde estudió la primaria en la Escuela Metropolitana La Luz. Siendo niño, gracias al ejemplo de vida de sus padres y después de haber visto una película sobre San Francisco de Asís, le nació la idea de convertirse en sacerdote, la cual maduró tras la visita de un promotor vocacional de Misioneros de Guadalupe.

Ingresó al Seminario de Misiones el 6 de enero de 1960, donde comenzó su preparación al sacerdocio al tiempo que continuaba sus estudios de secundaria y, posteriormente, preparatoria. El padre Juan Antonio alguna vez comentó que había elegido el Seminario de Misiones “porque era mexicano, hacía poco que se había fundado y exigía mayor entrega”.

Estudió Filosofía en el Seminario Mayor de Misiones y Teología en el Colegio Máximo de Cristo Rey, de la Compañía de Jesús. En 1969 realizó su noviciado en la Quinta Álamos, y el 15 de julio de 1972 hizo su Juramento perpetuo de pertenencia al Instituto.

Fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1973 en la Capilla del Seminario Mayor de Misiones, por imposición de manos de monseñor Francisco Orozco Lomelín, obispo Auxiliar de México.

De 1973 a 1976 se desempeñó como Director Espiritual del Seminario Menor, y de 1976 a 1979, como Director de la revista Almas. Después fue nombrado para realizar estudios de Misionología en la Universidad Urbaniana de Roma, donde permaneció hasta 1981. Entre 1981 y 1985 compartió por primera vez el Evangelio en la Misión de Angola.

De 1985 a 1986 participó en el equipo formador del Seminario Mayor y colaboró con el Departamento de Integración Humana de la Universidad Intercontinental (UIC). De 1987 a 1990 se desempeñó como Tesorero General, y de 1991 a 1996, como Vicario General del Instituto.

En 1997 fue enviado nuevamente a la Misión de Angola, donde ocupó el cargo de Superior de la Misión entre los años 2001 y 2002. Posteriormente, fue elegido como suplente del Superior de la Misión, además de que colaboró como secretario ejecutivo de la conferencia episcopal de Angola.

Las labores desempeñadas en la Misión de Angola probablemente signifiquen uno de los períodos de mayor realización del padre Juan Antonio.  

Así lo dejan notar diversos escritos donde compartía sus andanzas en aquel país africano. Alguna vez mencionó: “Conservo vivo el grato recuerdo de mis quince años en la Misión de Angola, durante el aprendizaje de la lengua; los tiempos del Seminario Arquidiocesano de Luanda, y los pasados en Kibala y en Catete; aquellos meses intensos de los inicios de la Misión de Cahama, y los últimos tres años cerca de los obispos de Angola”.

En 2007 volvió a la patria para colaborar como Vicerrector del Seminario Menor, en Guadalajara, Jal. En 2010 fue nombrado Encargado del Curso de Espiritualidad y Pastoral (Cespa) a partir del ciclo escolar 2010-2011. Sin embargo, le fue imposible cumplir con tal encomienda, debido a problemas de salud que lo llevaron a un tratamiento que se prolongó por más de dos años.

El 21 de abril de 2013 el padre Juan Antonio fue internado en el área de cuidados intensivos de un hospital al sur de la Ciudad de México, y fue dado de alta el 11 de mayo. Una semana después, el domingo 19 de mayo, en la Casa General de Misioneros de Guadalupe, nuestro Padre Dios lo llamó a su presencia a las 19:35 horas, justo el Domingo de Pentecostés.

Descanse en paz, Padre Juan Antonio Muñoz Hernández, Misionero de Guadalupe. (Lea más de este y otros temas en www.enbocaspalabras.com.mx).

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