24 de Septiembre de 2018

Opinión

Una visión general de Mesoamérica

Nuestro primer referente nacional es Tenochtitlan, aunque otros antepasados nuestros vivían en rancherías de Chihuahua.

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Hace algún tiempo, en un texto me llamó la atención la visión de Pablo Escalante Gonzalbo y su interpretación de México.

Indiscutiblemente México es muchos Méxicos por los antecedentes étnicos, las tradiciones culturales y los contextos ecológicos que varían enormemente de una región a otra.

Un aspecto de mucha relevancia para la historia es la percepción más antigua que existió entre una civilización agrícola que abarcaba un poco más de la mitad del territorio nacional y los pueblos con una agricultura inestable  y cazadores y recolectores que se asentaron en el norte árido de la república mexicana.

Nuestro primer referente nacional es la gran Tenochtitlan, Moctezuma Ilhuicamina y Nezahualcóyotl. Pero también hay que recordar que otros antepasados nuestros vivían en rancherías  en las montañas de Chihuahua, cerca de lobos y osos, y otros se desplazaban desnudos por la geografía irregular de Baja California.

Por otro lado, el peso demográfico y político de los pueblos nahuas, zapotecos y mayas permitió su supervivencia y su integración en el nuevo orden a la llegada de los españoles. Estos pueblos insertaron de diversas maneras sus costumbres, sus imágenes y su memoria en el tejido de la historia nacional.

No así los cazadores y recolectores o los pueblos de Jalisco y Zacatecas que se rehusaron al dominio español, lo que propició que fueran borrados del mapa mediante el exterminio. Los tarahumaras  y los seris son grupos étnicos que han sobrevivido en el borde de las barrancas, en el filo de las playas desérticas y en el límite de su historia.

En el mapa de la república mexicana podemos ubicar  las regiones del Occidente de México, el Altiplano Central y la Costa del Golfo que marcan los límites de Mesoamérica durante la mayor expansión  de los pueblos ocurrida desde el año 900 dC.

La división de esta frontera entre el norte y el centro-sur del país generó la construcción de la civilización mesoamericana por medio de un largo proceso que se inició con la domesticación del maíz y otras plantas, así como el desarrollo de técnicas agrícolas intensivas, la división de la sociedad en clases, redes de intercambio de cientos de kilómetros, la creación de complejos dispositivos ceremoniales, templos sobre pirámides, complejas ciudades  y canchas para el de juego de pelota.

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