18 de Diciembre de 2017

Opinión

Amar al destrozado

Se requiere mucho amor para formar a un niño y no menos amor para colaborar en la reconstrucción de un ser destrozado.

Compartir en Facebook Amar al destrozadoCompartir en Twiiter Amar al destrozado

Tuve la oportunidad de leer hace poco algo que decía: “Es más fácil formar niños fuertes que reparar hombres destrozados”. Varias personas aseguraron que efectivamente es más fácil formar bien a un niño que ayudar a alguien a reparar los destrozos de su personalidad, no se si en todos los casos esto sea así, pero me queda muy claro que formar a un ser humano no es una tarea sencilla, se requiere una especial dedicación de padres, maestros y familia en general e invertir en ello un buen número de años; ayudar a alguien a reconstruirse a sí mismo es sin duda mucho más trágico, doloroso y por supuesto nada sencillo.

Probablemente concuerden con la frase porque, aunque en la formación de una persona hay momentos inevitablemente dolorosos, se parte desde cero y se construye a partir de ahí, mientras que el que reconstruye lo hace sobre ruinas, sobre esperanzas, vivencias y sueños perdidos, sobre vida fracasada y dolorida; la diferencia principal es que la formación del niño no incluye un fracaso previo, mientras que reconstruirse significa elevarse sobre una previa miseria.

Se requiere mucho amor para formar a un niño y no menos amor para colaborar en la reconstrucción de un ser destrozado.

A algunos niños les es necesaria una mayor y más íntima atención en su formación, otros por su parte parecerá que van solos y que muy poca orientación requieren; de la misma manera en el proceso de reconstrucción de una vida algunos lograrán con una rapidez inusitada elevarse por encima de sí mismos, mientras otros tendrán que ir arrancándole a la vida la esperanza hasta con las uñas, dos o tres pasos doloridos y caer de nuevo en la desgracia, levantarse golpeado y sangrante a seguir tratando de encontrar vida en medio de su no vida; algunos desgraciadamente nunca se levantarán.

Recuerdo a una maestra que empeñaba alma, vida y corazón en trabajar con aquellos niños que por algún diagnóstico psicológico o médico veían limitado su futuro; era especialmente amorosa con aquellos que “no tenían remedio” y pude ver ante mis ojos los resultados del amor entre los descartados y descalificados; con paciencia infinita y perseverancia a toda prueba, muchos de estos niños alcanzaban cosas para las cuales no estaban “capacitados” y sin embargo no todos lo lograban, pero ello no hacía disminuir la entrega generosa al  trabajo con ellos y el cariño en cada acto.

La dificultad de rehacer una vida destrozada es muy alta, tan cuesta arriba que en no pocas ocasiones la gente opina que a algunos no hay ni cómo ayudarlos, pero el efecto del amor en los seres humanos es siempre inesperado; la realidad es que al igual que con los niños nunca sabremos con antelación cuál puede ser el resultado de dedicarse a curar un corazón adolorido. Puede haber y de hecho hay seres que parecen absolutamente perdidos y la perseverancia del cariño y la entrega obran verdaderos milagros. Muchísimos seres humanos se han levantado de entre sus propias cenizas gracias a la mano y el corazón generosos de otro ser humano.

Y es que el ser humano es tan gregario, tan hecho para la vida en comunidad, que en el proceso de curar a otro se cura a sí mismo, en la aventura de rescatar se rescata de sus debilidades y defectos, porque al dedicarse a otros tiene que salir de sí y es yendo al encuentro del que nos necesita como pulimos nuestros pequeños o grandes egoísmos, curamos el desmedido interés por nosotros mismos y nos vacunamos contra la autoadoración y la trampa del narcisismo.

No todos los hombres destrozados pueden llegar a recuperar su vida, siempre habrá vidas que caerán para no recuperarse, aquellos que nunca podrán volver a salir del valle de las sombras; es una realidad que la tragedia humana existe y muchas vidas se perderán bajo el peso de los errores propios, de los vicios y defectos que acaban triturando la esperanza.

Amar al perdido e irreparable, amar al que destrozando su vida ha destrozado muchas a su alrededor es la opción de todo hombre y mujer auténticos. ¿Por qué habríamos de amar sólo al recuperado, regenerado y exitoso? ¿Acaso es menos ser humano el que ha perdido su vida? ¿No necesita él con mayor urgencia de nuestro amor?

Se dice que el amor de Dios hace salir el sol sobre buenos y malos y llover sobre justos e injustos y hemos de amar a todos los seres humanos especialmente a los más sufrientes; destrozados o no, son dignos de ser amados por ser humanos, porque si amas a los que te aman qué recompensa tendrás, eso lo hace cualquiera.

LO MÁS LEÍDO

LO MÁS COMENTADO

NOTAS RELACIONADAS

Comentarios

Responder a  Name   
Comentarios
Responder a  Name   
Responder a  Name   
DE:(TUS DATOS)
Nombre
E-mail
ENVIAR A:(DESTINATARIO)
Nombre
E-mail
Comentarios