14 de Diciembre de 2017

Opinión

Cómo evitar la depresión en nuestros hijos

La depresión es una enfermedad universal y en los niños están por naturaleza inseguros de su aspecto.

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En los últimos 30 años, se ha estudiado en numerosas culturas de todo el mundo las causas de la depresión y ver por qué son víctimas de las mismas presiones psicológicas. En 1980 un estudio en la población en China indicó que la depresión era rara entre los chinos. En un estudio de seguimiento en 1998 los investigadores descubrieron que se estaba volviendo mucho más común.

Hoy en día todos los países industrializados, como Estados Unidos, Inglaterra, Australia, Francia y Japón, hay una epidemia de depresión. Por ejemplo, en Japón se estima que un millón de jóvenes se niegan a salir de sus habitaciones, a veces durante décadas; un fenómeno conocido como hikokomori. En Estados Unidos, una proporción cada ves mayor de niñas se sienten inseguras de su aspecto y son víctimas de anorexia y bulimia, o se someten a cirugías estéticas costosas. Sólo en 2003, más de 11,000 adolescentes menores de 18 años se hicieron implantes de pecho. La liposucción y la abdbomioplastia se practican en adolescentes de 14 años.

¿Porque sucede esto? La depresión es una enfermedad universal y en los niños están por naturaleza inseguros de su aspecto.

La avaricia, la codicia y la competencia, etc. son circunstancias de la naturaleza humana. Lo que no tenemos en cuenta son los miles de millones de dólares gastados dirigidos a niños hasta 2 años de edad, con el objetivo de inculcarles que las posesiones materiales les asegurarán el amor y el aprecio que ansían.

La publicidad al adolescente les dice: “Si quieres ser visto, escuchado apreciado y amado debes tener el calzado adecuado para correr, los jeans de moda y en los niños, los últimos juguetes de mejor tecnología. La realidad es que el consumo conduce a una mayor competencia y envidia, dejando a los niños más aislados, inseguros y descontentos, lo cual fomenta aún más el consumo frenético de un circulo vicioso. La cultura global de consumo utiliza la necesidad humana fundamental de amor y la convierte en codicia insaciable. No hay que olvidar que en los niños, el consumo conduce a una mayor competencia y envidia, dejándolos más aislados, inseguros y descontentos.

El escritor Richard Louv ha acuñado la expresión: “trastorno de déficit de naturaleza”, para describir lo que les ocurre a los niños cuando se les priva de la relación con el mundo vivo. Un estudio reciente mostró que un 90% de las personas que sufren depresión experimentan un aumento de autoestima después de una caminata por el parque. Y lo contrario, tras una visita a un centro comercial un 44% sienten disminución de su autoestima y el 22% salen más deprimidos. Las tabletas, el celular y los videojuegos son aparatos nocivos para su salud, si no se les sabe racionar. La cifras son alarmantes: cada año se prescriben más de 30 millones de antidepresivos en Inglaterra, y 150 millones en Estados Unidos.

La solución podría ser pasar más tiempo con la familia y con personas que les den amor; inculcarles valores y una realidad más afectiva que efectiva; pasar más tiempo con la naturaleza; más tiempo en situaciones colectivas, de servicio y ayuda al prójimo. Eso les dará un sentido de comunidad e incrementará su autoestima. 

Los hijos crecen demasiado rápido ¿o nosotros vamos demasiado rápido por la vida? “Nos pasa que un día los contemplamos y nos asombramos de la estatura de nuestros hijos o los escuchamos hablar sin parar y allí el recuerdo nos emociona.

Recordamos el primer día que los cobijamos en nuestros brazos, los primeros pasos, la primera palabra que dijeron así de improviso, la carita de sorpresa cuando se abrió la puerta del colegio el primer día de clase. Tratamos de darles lo mejor, pero tal vez no nos dimos cuenta que ellos necesitaban algo más. Entonces nos damos cuenta que lo que dimos no fue suficiente y los vemos partir llenos de emoción...”  No esperemos ese momento, ¡el momento es ahora! 

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