17 de Octubre de 2018

Opinión

Complicidades en el secuestro

Solo pensemos que en el caso terrible de la hija de Nelson Vargas, después de tantos años, simplemente no ha habido resolución alguna.

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Cuando  Renato Sales afirmó que “algunos gobiernos están coludidos con los secuestradores” no es que revelara en realidad nada nuevo que no hubiera imaginado hasta el más ingenuo de los sospechosistas. De hecho sería un poco ilógico imaginar que en medio de ese río revuelto tan canallesco como industrioso, se dejara sin participación gananciosa a los tres órdenes de gobierno.

Digo, habría sido una grosería de los criminales dejar fuera del negocio a los burócratas de  la justicia, cuyos salarios no les permitirían llevar esa vida de pachás que se merecen. Sobre todo porque sin el consentimiento de funcionarios, policías y federales, el crimen organizado estaría mucho más desorganizado e incapacitado para medrar en la impunidad.

Sin esta armoniosa relación, viviríamos en el caos y el desorden.

Por ejemplo, el espectáculo michoacano extraviado entre templarios, la narcocooltura, ladies y narcojúniors, los grupos de autodefensa (¿no fue bonito verlos entrar a Apatzingán desarmados, cual carnaval, con la venia de las fuerzas federales como para no ser menos que los pachangones templarios?) y de autoayuda, matazones, operativos y faramallas federales, jamás habría tenido lugar sin la debida participación de ciertas autoridades que dejan que los plagiarios puedan actuar.

Sobre todo ahora que con tanto operativo policial a las células criminales no les ha quedado más remedio que refugiarse en el secuestro. Una actividad que en la relación riesgo-beneficio, las remotas posibilidades de fracaso y de captura, no se diga de consignación y condena.

Solo pensemos que en el caso terrible de la hija de Nelson Vargas, después de tantos años, simplemente no ha habido resolución alguna, y eso que se podría suponer que a diferencias de tantas familias atormentadas y victimizadas, el empresario bien podría disponer de recursos e influencias.

El problema aquí es que ya hemos visto otras iniciativas institucionales para acabar con el secuestro. Igual de espectaculares. Y lo que ha comenzado siempre llorando, así llorando se queda a medias, porque hay otras prioridades, porque a nadie le importa, porque cunde la abulia y el valemadrismo. O las complicidades.

Quizá esta vez la diferencia sea el propio Sales. No solo por sus conocimientos en criminalística sino por su formación ajedrecística. Ya si no puede, en vez de renunciar podría buscar la humanización de los maleantes dotados de una innecesaria brutalidad. Manque sea. 

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