18 de Septiembre de 2018

Opinión

Comunicación indispensable

Todos necesitamos con quién hablar, con quién relacionarnos, a quién contarle las cosas más profundas de nuestro corazón. Sin embargo, hay personas que lo consideran señal de debilidad.

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Soy yo quien te llamo, esperando tu respuesta ¡oh Dios!-  Salmo 17 

Todos necesitamos con quién hablar, con quién relacionarnos, a quién contarle las cosas más profundas de nuestro corazón. Sin embargo, hay personas que lo consideran señal de debilidad, y se encierran en sí mismas.

El ser humano nace con una necesidad imperiosa de relacionarse. Se dice que dentro de todo hombre existe un niño que aún trata de comunicarse con su padre; también es aplicable a la niña que vive dentro de cada mujer, y que trata de comunicarse con su madre. Pero hay algo más cierto e indispensable: todos tenemos la necesidad de comunicarnos con Dios. 

Nuestra sociedad nos ha condicionado para ver como una debilidad la comunicación con el Ser Supremo. Nos creemos capaces de valernos por nosotros mismos sin la ayuda de nadie, sobre todo la de Dios. Cuando estamos a solas y somos sinceros con nosotros mismos sentimos el impulso de expresarle a Él las cosas más profundas de nuestro interior, y al hacerlo, nos sentimos bien, pues dentro de nosotros hay una voz que nos dice que no importa lo que piensen y digan negativamente de nosotros los demás porque Dios nos ama.

Lo que nos limita para reconocer esa dependencia espiritual es el orgullo. No queremos reconocer que somos incapaces de afrontar solos los escollos de la vida. A veces el sentimiento de minusvalía nos invade y nos puede convencer de que no servimos para lo que queremos lograr. Si esa mentira no se descubre, si esa actitud no se frena, puede conducir fácilmente a la indolencia, a la depresión o algo peor.

La persona triunfadora, con alegría en el vivir, es quien ha aprendido que para tener  fuerza y entusiasmo necesita relacionarse con ese Espíritu Divino. 

La psicología reconoce que todos los seres humanos tenemos necesidades básicas de: 

  • Seguridad
  • Reconocimiento
  • Amor 
  • Aventura (arriesgarse)
  • Ser creativos (desarrollo de las potencialidades) 

Cuando no llenamos estas necesidades, la misma naturaleza humana nos impulsa a llenarlas de manera inadecuada y eso es la derrota, pues los resultados son de infelicidad y muerte. 

Al reconocernos como creaturas e hijos amados del Todopoderoso la confianza nos inunda. Sentimos la fuerza para vivir y emplear los dones que gratuitamente se nos dieron para lograr todo lo que necesitamos y  hasta lo que soñamos.  

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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