22 de Agosto de 2018

Opinión

Comunidades indígenas

No se refieren al suelo, el agua, las plantas o los animales de sus lugares de origen como “recursos”.

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Hace un par de semanas tuve la oportunidad de presenciar el desarrollo de una asamblea ejidal en un pequeño poblado del estado de Yucatán, se trataba de que los ejidatarios con derechos vigentes votaran por aceptar o no como avecindados a unas personas que pretendían adquirir las tierras de uno de ellos para desarrollar algún proyecto productivo agrícola.

Don Silvino, ejidatario de origen maya, llegó con algunos minutos de retraso a la reunión y tomó el asiento que estaba disponible junto a mí, no sin antes solicitar se le disculpara su impuntualidad argumentando que estaba realizando faenas de cultivo en sus tierras aun siendo domingo, supuesto día de descanso. 

El comisario ejidal le explicó a Silvino el punto que se estaba discutiendo en ese momento y solicitó a los asistentes manifestar su acuerdo o desacuerdo con el asunto tratado. Con esa profunda sabiduría que proviene de su milenaria cultura, Silvino no se opuso a la aceptación de los nuevos avecindados a sabiendas de que el compañero que aceptaba separarse de sus tierras lo hacía forzado por la lacerante pobreza y falta de oportunidades que impera en el campo, pero tampoco desaprovechó la oportunidad para manifestar públicamente y en voz alta su opinión al respecto, mediante un improvisado, no solicitado, pero aleccionador discurso.

Dijo a los presentes: “Yo a mis hijos les he enseñado a trabajar la tierrita con amor, y les prohíbo terminantemente que algún día la vendan, si hoy alguien pone cien mil pesos en tus manos, es como poner en ellas un trozo de hielo, rápidamente se derrite, se escurre entre tus dedos, y se acaba. En cambio la tierrita es como una madre, nunca deja de darte lo que necesitas, si la tratas mal, aun así te da algo, si la tratas bien, más te da, y nunca deja de darte alimento y sustento, en cambio cien mil pesos pronto se acaban y cuando eso suceda ya no hay nada más que puedas recibir de ellos”.

Las personas que pertenecen a una comunidad indígena no se refieren al suelo, el agua, las plantas o los animales de sus lugares de origen como “recursos”, sino que los consideran sus “parientes”, son parte de su familia, por eso don Silvino se refiere a su “tierrita” como a una “madre”. Y ese es uno de los muchos motivos por los que el cambio climático plantea amenazas muy particulares para las comunidades indígenas en todo el mundo, tanto para su salud como para su bienestar y sus modos de vida.

Estos impactos han minado ya algunos aspectos en los modos de vida de estas comunidades, que han persistido por cientos o quizá miles de años. La cultura de estos pueblos está atada fuertemente al sitio. Su idioma o dialecto, las ceremonias que realizan, sus prácticas culturales y recursos alimenticios han evolucionado siempre en equilibrio, en un perfecto concierto con los habitantes, humanos y no humanos, de sus territorios.

Encontrar el modo de evitar que continúe esta afectación es un deber común que debemos afrontar.

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