17 de Octubre de 2018

Opinión

La conjura de los necios

En la política lo que se ve es la estupidez para manejar situaciones que rebasan a los que deberían al menos preverlas.

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Si rechazo las teorías conspirativas es, sobre todo, porque suponen una inteligencia capaz de manejar los hilos. Especialmente en México, que es donde más nos duele, si alguna conjura veo es a la que podría calificarse con el título de la genial novela de John  Kennedy Toole: “La conjura de los necios”.

Lo que se ve en los tiempos del capitalismo financiero global es la reproducción de las riquezas cada vez en menos manos frente a la agudización imparable de la miseria. Pero la reproducción y la agudización son virales. No hay inteligencias que las procuren.

Si hubiera Grupos, Logias Malignas o Centrales de Inteligencia Imperial tendrían que ser suficientemente necios para no ver que esos virus nos llevarán a todos entre las patas o ya estarían fabricando la vacuna en vez de contemplar, entre atontados y codiciosos, la llegada de un apocalipsis anunciado.

Y en la política lo que se ve es la estupidez, que parece viral también, para manejar situaciones que rebasan a los que deberían al menos preverlas. 

Si Ayotzinapa cayó de repente, las izquierdas que vendieron su alma por votos (a la manera del PRI, compraron caciques), deberían haber planeado salidas de emergencia. Incluida Morena, por ahora, con su Lázaro Mazón y sus ex priistas como los Monreal o Layda Sansores, en el futuro.

Con un grupo conspirador inteligente, el PRI habría limpiado las huellas de sus latrocinios para no caer en sus propias trampas o no hubiese permitido manejar el escándalo mundial (de Ayotzinapa, de la Casa Blanca y del tren rápido a Querétaro) como se ha manejado.

Pero ya cometidas las necedades, qué inteligencia que vaya más allá de la de los Tres Chiflados habría manejado el arresto y liberación de los “terroristas” del 20 de noviembre como se hizo o, cereza del pastel, ordenado el secuestro en plena luz de redes sociales de un poeta y cineasta con cara de bueno como Sandino Bucio.

En la acera opuesta, creo que sería poco inteligente desaprovechar la emergencia y no ayudar en eso que llaman “construir ciudadanías”, así como centrar el problema en una renuncia cuando, ante el desprestigio de todos los políticos y todos los partidos, es hora de volver al debate en democracia que la izquierda abandonara.

Tal vez haya que marcar el 911 porque estemos ante el peor escenario. Los necios conjurados son de mucho temer.

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