12 de Diciembre de 2017

Opinión

Construyendo tiempos

Nos encontramos exactamente en el punto en que convergimos para existir.

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Nos encontramos exactamente en el punto en que convergimos para existir. No hay nada tan placentero como la caricia del río que asoma al vendaval. El choque de las copas exclamando ¡salud! va quedando en lo aciago del pasado, mientras una gaviota traspone el infinito de las sorpresas, que llegarán acompañadas con noticias nuevas, cargadas de esperanzas. El pan y el vino, no tan sólo alimentan al ser, sino lo acompaña el sortilegio de las notas de una guitarra que erija la pasión en el ensueño. 

Que trastoque las voces, del silencio, que interrumpa el bullicio costumbrista del dolor. Y que la sonrisa inaugure al nuevo día. Troquemos la seriedad de las palabras rompiendo protocolos, construyendo puente en los abismos, ignorando vacíos en la completa armonía del ser.

Hoy, el ayer es un papel al viento. Tiempo trascurrido silencioso, taciturno y noble. Allí  fueron extasiadas las veleidades, que con paciente fervor el tiempo ha tejido, exigiéndole a la vida la extensión del soplo, para que siga fija acompañada de la costumbre. 

Nunca estaremos solos si partimos del principio de estar con nosotros mismos. Así venimos y así retornaremos. Sólo nos acompaña el síndrome material de la existencia, lo demás es esencia en el alma y el espíritu. La alegría del placer es la combinación entre el hombre y la poesía, entre la pintura y la melodía, entre todas ellas y el amor. Si esta relación la rompemos con la fuerza del rayo sencillamente nos autodestruimos en la nada y nos convertimos en el despojo de la miseria. Por ello la vida es el cuaderno que hay que rayar por una, sola, ocasión. Luego quedará en blanco para ser usado por otro terrenal en su propia existencia.

Crear es un deber inevitable y circunstancial. Quien no crea el elixir de su propia existencia se somete al escrutinio invariable del dolor. Creo necesario buscar en las entrañas del pensamiento la libre autonomía de las ideas, muchas veces tejiendo sueños o alcanzando esperanzas vivificantes que pasen revista a los ideales. Muchas costumbres se empecinan en la repetición de actos que en su pobreza llevan el destino de la mortandad y el duelo agónico del silencio. Otras proceden de hábitos sociales que llevan el cansancio de los siglos y las hay procedentes de una culturización que se resiste a desaparecer en el entorno de los tiempos. Con ellas (las costumbres) los hombres danzan, juegan a ser dioses, se destruyen a medias y se despojan de sus trajes ciudadanos. En estas la riqueza tribal proviene de un pasado enriquecedor despojado por la naturaleza del modernismo y la evolución “del progreso”. Con estos la creatividad esta salvada y siempre atraca a buen puerto, esperando cruzar de isla memorable a las islas de los recuerdos.

Atrapemos los sueños, para que no se vayan solos. Una parte de nosotros quedará en ellos. La ensoñación es la mejor manifestación de encontrarnos en el espejo, reflejo de sí mismos.

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