21 de Enero de 2018

Opinión

Contaminación visual (3)

El exceso de exposición de elementos gráficos en sitios públicos representa un tipo de contaminación que no sólo no favorece al ser humano sino le puede llegar a causar daño.

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Recientemente nos enteramos de que el Ayuntamiento de Mérida inició procedimientos de sanción económica contra varias empresas por poner de manera desmesurada y sin ninguna autorización carteleras y anuncios publicitarios que ensucian el paisaje urbano y nos impiden disfrutar con tranquilidad nuestra bella Mérida. Para los expertos, el exceso de exposición de elementos gráficos en sitios públicos representa un tipo de contaminación que no sólo no favorece al ser humano sino le puede llegar a causar daño. 

En los últimos 6 años en Mérida la colocación de propaganda visual se ha elevado de manera muy notable y la cifra de anuncios espectaculares alcanza cerca de 300 estructuras. Y no se diga la gran cantidad de carteles, pegostes, bardas pintadas y calcomanías que se pueden observar en cualquier poste de luz o de teléfono.

La contaminación visual es todo aquello que afecta o perturba la visualización de una determinada zona o rompe la estética del paisaje. Por desgracia cada vez nos encontramos más con este problema, tanto en las grandes ciudades como en las zonas rurales. El cerebro humano tiene una determinada capacidad de absorción de datos que se ve superada por la enorme cantidad de elementos “no naturales” en el paisaje. 

Las consecuencias que provoca son diversas y algunas bastante preocupantes. Van desde accidentes ocasionados por obstrucción visual al conducir hasta trastornos de atención, estética paisajística afectada, alteraciones del sistema nervioso, estrés por saturación de elementos y colores, dolor de cabeza y hasta mal humor.

Algunas soluciones eficaces para combatir este tipo de contaminación que afecta no solamente a nuestra vista sino también al cerebro son, entre otras: reducir la cantidad de anuncios (lamentablemente vivimos en un mundo de publicidad excesiva) y hacer un seguimiento de normas urbanísticas racionales, evitando elementos agresivos o recargados. 

Con la instalación de tantos anuncios nuestro paisaje urbano se ha visto totalmente obstruido y cada vez son menos los espacios donde podemos disfrutar una vista bella. Hace tan sólo unos años podíamos observar verdes espacios dentro de la ciudad, ahora elevamos la vista y nos recibe con sonrisa fingida el dizque rey de las hamburguesas o el osito blanco del refresco de cola.

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