21 de Junio de 2018

Opinión

Contradicciones

En la Agrupación de Artistas Escénicos nos comprometemos a un diálogo permanente con las autoridades en materia de cultura.

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El pasado 17 de junio, la incipiente Agrupación de Artistas Escénicos de Mérida anunció en rueda de prensa que entregaría al titular de la Secretaría de la Cultura y las Artes (Sedeculta) y al gobernador del estado sendas cartas solicitando, por un lado, la integración de mesas de trabajo entre la comunidad artística y la administración estatal para trazar la política cultural de la entidad en cuanto a artes escénicas toca y, por otro lado, fortalecer a la Sedeculta con recursos financieros «que permitan mejorar la calidad de los proyectos que ya se producen [en Yucatán] y abrir nuevas posibilidades a los artistas escénicos».

En virtud del artículo 8º constitucional que consagra el derecho de petición, dado que la Agrupación formuló por escrito y de manera pacífica y respetuosa su exigencia, seguimos esperando el acuerdo de la autoridad por escrito aunque, por lo visto, ha preferido responder de otras maneras: excluyendo a la Agrupación de la «Alianza Cultural» anunciada en la Reunión Nacional de Teatro, con la cual, se supone, se  involucrará a instituciones de educación superior, grupos alternativos, colectivos y artistas independientes en el trabajo de la Sedeculta, y confrontándola en la rueda de prensa donde por fin se daba cuenta del Festival de Teatro «Wilberto Cantón» en medio de un discurso paternalista y autoritario que se repitió en petit comité con algunos representantes de colectivos de la Agrupación misma.

Sin hablar en su nombre, puedo asegurar que en la Agrupación de Artistas Escénicos, que, por cierto, convoca desde luego a colegas de todos los municipios a articularse en su seno para la conformación de un espacio de encuentro, reflexión, promoción y gestión que pueda nombrarse de Yucatán y no sólo de la capital del estado, nos comprometemos a un diálogo permanente con las autoridades en materia de cultura que son también muchas veces colegas nuestros cuyo trabajo y disposición reconocemos y saludamos, y entendemos que son ellas, y no nosotros, quienes tienen la rectoría pública en dicha materia.

Pero, su rectoría no significa nuestra sumisión; queremos que la autoridad nos tome en cuenta porque, antes que rectores, son funcionarios públicos: ser nuestros aliados no es un favor, es su obligación.

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