25 de Septiembre de 2018

Opinión

Contrastes de la izquierda

Es determinante para la estabilidad social en estos países la manera en la que los gobiernos de izquierda de cada uno de ellos harán frente al crecimiento de una oposición.

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En estos momentos El Salvador tiene ya un ganador de las elecciones del domingo pasado, pero aún no puede contar con un presidente electo. El Tribunal Supremo Electoral de El Salvador había ya adelantado que el candidato Salvador Sánchez Cerén, del partido gobernante Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), había obtenido un 50.11 por ciento de los votos, mientras que su rival de la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), Norman Quijano, había recibido un 49.89 por ciento de los votos; la diferencia de tan sólo un 0.22 por ciento representaba 6 mil 364 sufragios. La estrecha diferencia originó que ambos candidatos afirmaran haber ganado las elecciones.

La confirmación de los resultados produjo de inmediato una protesta de la Alianza Republicana Nacionalista, que en un principio había solicitado el recuento de todas las boletas electorales, argumentando que se había realizado un fraude impulsado por el partido gobernante. Ahora Arena afirma tener pruebas de que se generó una doble votación por parte de más de 20,000 seguidores del FMLN, quienes habrían votado en al menos dos casillas electorales. El mismo partido señala que se han encontrado actas electorales fraudulentas y se han  transmitido resultados electorales alterados, y por estos supuestos el partido Arena ha solicitado ya oficialmente la nulidad del proceso electoral.

Una primera ronda realizada el 2 de febrero enfrentó a tres candidatos, dándose como resultado que Salvador Sánchez Cerén, del FMLN, obtuviera una mayoría cercana al 49 por ciento de los votos, que fueron insuficientes para asegurarse la victoria definitiva, ya que al no lograr el 50 por ciento de la votación tuvo que someterse a una segunda vuelta electoral. Norman Quijano, del partido Arena, había recibido un 39 por ciento de los votos, mientras que Antonio Saca, ex dirigente de Arena, se presentaba como una opción de centro ante el FMLN y Arena, pero obtuvo un 11 por ciento de los votos.

Se esperaba que Antonio Saca decidiera apoyar al gobernante FMLN y es probable que así lo haya intentado; sin embargo, se hace evidente que no logró convencer a sus seguidores de derecha de que apoyaran el proyecto de izquierda del FMLN, por lo que sus votantes decidieron sumarse en  su mayoría al candidato de Arena, lo cual estrechó el margen de diferencia entre los candidatos, de tal manera que se ha generado un virtual empate. El sentirse tan cerca de la victoria ha originado que ambos candidatos aseguren haber triunfado y la polarización de sus posiciones se ha trasladado a la sociedad; los resultados han sorprendido a todos en el país, ya que el FMLN tenía una aparentemente cómoda ventaja.

La polarización del ambiente ha generado que Norman Quijano declare que “no hay Tribunal Supremo Electoral que valga para arrebatarnos la victoria, nuestra Fuerza Armada está pendiente de este fraude que están fraguando”, aunque luego aseguró no haber incitado al ejército a dar un golpe de estado, sino únicamente solicitar que continuara con su vigilancia del proceso electoral; mientras más tiempo transcurra en la resolución final del conflicto, mayor polarización social se producirá.

Este tipo de situaciones se está repitiendo de manera evidente en Latinoamérica. Hemos visto el ya violento enfrentamiento entre gobierno y opositores en Venezuela, en Ecuador el gobierno de Rafael Correa y su partido Alianza País perdieron hace unos días el control de 7 de las 10 principales ciudades que gobernaban; el hecho es que en algunos de los países con gobiernos de izquierda las distancias entre los partidos gobernantes y los opositores se han reducido y al no haber un partido claramente favorecido por la sociedad están generando enfrentamientos profundos. Esto es especialmente cierto para las naciones que se identifican con las políticas de los Castro o del extinto Hugo Chávez.

Otra es la situación de aquellos países en los que existe una izquierda más moderna y propositiva, tal es el caso de Brasil, en el que los gobiernos de izquierda se suceden sin generar graves tensiones sociales; en Chile, Michelle Bachelet acaba de regresar a la presidencia al ganar las elecciones con un 62 por ciento de los votos, eliminando de esta manera cualquier posibilidad de duda o enfrentamiento social.

Es determinante para la estabilidad social en estos países la manera en la que los gobiernos de izquierda de cada uno de ellos harán frente al crecimiento de una oposición de derecha que cada vez más cuestiona las políticas gubernamentales y sus resultados.

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