12 de Diciembre de 2017

Opinión

Contratos incumplidos

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El pesimista se queja del viento;  el optimista espera que cambie;  el realista ajusta las velas.- William George Ward

Cuando nos enamoramos tendemos a adornar al ser amado con cualidades que en realidad no existen o si están, es en un grado menor de lo que nos imaginamos.

La novia optimista imagina al esposo ideal considerado y sensible y el novio imagina a una esposa responsable, comprensiva y razonable. Sin embargo, en la convivencia no se dan esas cualidades tal como las imaginamos. A medida que la desilusión avanza, por ejemplo: si el marido no demuestra sensibilidad en un momento determinado, se le etiqueta  como "insensible" si la mujer no es "amable" en el preciso momento que el marido espera, es poco comprensiva  y nada amable.

Nuestras reacciones, muchas veces confusas, se aclaran cuando detectamos nuestro monólogo interno. Entendemos mejor cómo reaccionamos y por qué reaccionamos de modo exagerado.

De momento, parece que lo que hace el [email protected] nos lleva al enojo, la ansiedad y/o la tristeza y decimos (o al menos pensamos): "Me enojas",  me pones [email protected],  etc.; pero las acciones de los otros son hechos que interpretamos. Nuestra reacción es la consecuencia de nuestra interpretación más que del acto en sí mismo. De ciertas interpretaciones surgen falsas creencias, prejuicios, fatigas, etc. y con demasiada facilidad interpretamos mal y falsamente las intenciones del [email protected] y reaccionamos de manera impropia o incluso de modo destructivo.

Dándole  un significado e importancia más realista a las situaciones, ya que no somos perfectos, lograremos una sana convivencia sin reclamos, sin descalificaciones y sin  echar culpas  al [email protected]

Las personas no somos opuestos absolutos; ni del todo blancos ni del todo negros, sino con "tonalidades". Al hablar en absolutos como "nunca", "siempre", "jamás", somos injustos y poco realistas. Cuidado con las idealizaciones que se hacen en el primer período del enamoramiento. Recuerda: somos susceptibles de mejorar en el proceso de aprender a  amar, siendo realistas al convivir y compartir. Sí se puede, si se quiere.

¡Ánimo! Hay que aprender a vivir.
 

 

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