22 de Octubre de 2018

Opinión

Corrupción

La corrupción se refiere al uso inadecuado o abuso del poder público para conseguir una ventaja ilegítima que derive en la obtención de un beneficio...

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Imaginemos lo que sucedería si el suizo Joseph Blatter, presidente de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), perdiera la razón y se le ocurriese dictaminar que, de ahora en adelante, en los partidos de futbol ya no ganará el equipo que anote la mayor cantidad de goles, sino aquel que ejecute más chilenas y que éstas sean las más vistosas. 

Las porterías seguirían ahí, por si algún jugador deseara empujar al balón a lo profundo de la red, pero esa dejaría de ser la premisa objetiva para determinar al vencedor del encuentro.

Con este absurdo e improbable escenario, deseo ejemplificar los graves daños colaterales que ocasionan los actos de corrupción cuando se convierten en algo cotidiano y de uso extendido en los negocios, y más concretamente en las compras de insumos y la contratación de servicios y obras por parte del gobierno a los particulares.

La corrupción se refiere al uso inadecuado o abuso del poder público para conseguir una ventaja ilegítima que derive en la obtención de un beneficio, situación que por lo general sucede en forma secreta. 

Algunas de sus formas más comunes son sobornos, extorsiones, fraudes, malversación, compadrazgo, nepotismo e impunidad. E independientemente de la malignidad intrínseca que este anti valor posee, el daño colateral que puede ocasionar es altamente destructivo para cualquier sociedad y devastador para la economía de un país.

Así como en el futbol ya nadie querría meter goles, los proveedores de bienes y los contratistas de obras no se fijarían el objetivo de entregar productos de alta calidad, libres de defectos, ni estarían pendientes de hacerlo a tiempo o de brindar un servicio amable, ya que esos atributos no serían tomados en cuenta para ser elegidos como contratistas o proveedores, sino que se considerarían otras “cualidades” muy especiales.

Posiblemente alguno voluntariamente se preocuparía por esas cosas, pero ¿cuántos cree usted que lo harían? En un entorno como el descrito, el sector productivo se debilitaría al perder competitividad y se colocaría en una situación sumamente comprometida en el escenario globalizado de los negocios que hoy vivimos.

Otro impacto negativo sería la disminución o estancamiento de los salarios y la consecuente aniquilación de las motivaciones para prepararse mejor en el terreno profesional, que derivarían en una profunda insatisfacción, mal humor, infelicidad y otros obstáculos para la realización personal de los involucrados.

Existen indicios de que la corrupción ha alcanzado ya en nuestro país una escala que jamás antes había logrado y con un descaro nunca antes visto, lo que ha disparado las quejas, bromas, reclamos y toda clase de expresiones en las conversaciones cotidianas y con un impacto muy extendido en las redes sociales y medios digitales.

Pero ninguna de esas expresiones va a solucionar el problema, sino solamente el trabajo enfocado, disciplinado, entregado, arduo, constante y efectivo, en una batalla sin descanso para acabar con ella.

¡Dejemos de hacer vistosas chilenas y empecemos a meter rotundos e indiscutibles goles!

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