18 de Diciembre de 2018

Opinión

¡Cristo resucitó en tu persona!

Sería bueno preguntarnos cuál es nuestra capacidad de amar y cuánto amor cabe en nuestro corazón.

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“Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente... y al prójimo como a ti mismo”  (Biblia Mt 22,37-39).  Es claro el mensaje y directo. Pero ¿lo pones en práctica? ¿Amas a Dios como Él espera? Ahora que Jesús resucitó ¿tú resucitaste con Él?  ¿Estás viviendo en el amor o en el dolor?.

Tenemos que amar a Dios sin condiciones, transacciones y reticencias. Eso es amar y perdonar, y no sólo amar, sino amarlo más en calidad y cantidad. ¿Hoy tu amor a tu familia crece?  Tu esposa sabe que la amas, pero le gusta que se lo digas; tu hijo entiende que lo quieres, pero desea oírlo de tus labios. Todo tu prójimo desea de ti un poco de tu amor.

Podríamos ser más amables, cariñosos, atentos y serviciales, pero sólo estamos viviendo nuestro egoísmo. “Tu hijo quiere sentirse amado, no saberse amado”. Necesita que le valores sus logros, y lo encauses por el buen camino, dándole amor manifestado en diálogo, coherencia y congruencia con lo que dices y haces.

Dice Ruckert:  “El amor es el único acontecimiento del mundo, el más antiguo y más nuevo y el único”. Eso es, que todos estamos sedientos de amor. Tú necesitas dar y recibir amor: ¡acéptalo!, porque el grado de tu sacrificio y de tu entrega, es el grado de tu amor.

¿Qué estamos haciendo hoy para amar a Dios?. ¿Servimos al prójimo? ¿Convivimos con la familia? ¿Damos una visita al que sufre, impartimos verbalmente la palabra de Dios?  No hay que olvidar que una fe sin obras... son palabras huecas.

Dios va a medir el grado de tu amor hacia Él, según se lo hayas manifestado a tu prójimo. Porque Cristo esta en tu esposa con ese cáncer terminal esperando tu ayuda; en tu hijo que cayó en la droga y busca una solución a sus problemas; está Jesús para que lo apoyes y rescates en tu hermano que el alcohol lo ha idiotizado; en tu prójimo está Dios, para que lo ames y lo orientes con cariño.

Sería bueno preguntarnos cuál es nuestra capacidad de amar y cuánto amor cabe en nuestro corazón. Será que como dijera Witman: “Somos cadáveres ambulantes con el sudario puesto, pues nuestro egoísmo nos impide manifestar el amor”.

Dios actúa por nosotros y a través de nuestras obras. Cuando sientas ganas de hacer el bien, ¡hazlo!; cuando desees dar amor y consuelo al que sufre, no te frenes, ¡dáselo!. Tienes un corazón para amar y unos brazos para abrazar...¿qué esperas para actuar?.

Todo tu prójimo va a sentir la presencia de Dios por medio de tu persona, o su ausencia si les niegas tu afecto, tu estimulo y tu cariño, si pecas en omisión al no dar tu amor.

San Agustín es muy parco al hablar del amor cuando dice: “Ama y haz lo que quieras”. 

Korner es más explícito: “Sólo desde el amor es bella la vida, sólo desde el amor sé que vivo”. Por eso, cuando mueras se te va a juzgar por el pecado de omisión que cometiste al no dar tu amor manifestado, y al no ser difusor del amor de Dios. Que nadie sufra de falta de afecto y de cariño, si tú tienes dos brazos para amar y una boca para consolar, tú eres el amor de Dios, para revivir al que está muriendo por falta de ese pan espiritual, que es el amor de Dios.

¡Cristo ha resucitado! seamos portadores de la antorcha del fuego del amor de Jesús, y entendamos que el amor en nuestras vidas es una llama, la cual se extingue desde que cesa de aumentar. 

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