22 de Septiembre de 2018

Opinión

Crónica de una revolución

Costó trabajo que el público “entrara” en los terrenos de la ficción.

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He compartido con los amables lectores algunas crónicas de mi viaje a Alemania, con ésta nota concluyo el recuento. “Mendoza” es una obra de Antonio Zúñiga y Juan Carrillo, una adaptación de Macbeth ubicada en tiempos de la revolución. He visto esta obra cuatro veces pero verla en Alemania fue un suceso. El redoble de la banda de guerra puso a latir con fuerza mi corazón, una emoción anticipada me mantenía inquieta en la butaca. 

Comienza la presentación de los personajes con el público muy cerca de los actores, sillas estratégicamente colocadas en el área de los espectadores quienes ven la obra en el escenario. Costó trabajo que el público “entrara” en los terrenos de la ficción. Brazos cruzados, espaldas erguidas, miradas indiferentes, algunas risas burlonas, una espectadora se sale del foro a pesar del dispositivo que hace más evidente su salida. 

Los subtítulos en alemán van a destiempo con los diálogos, una función difícil pero bien llevada por los actores que se mantienen en la certeza de su trabajo, no hacen más que lo que llevan haciendo en otros escenarios: un trabajo compacto que les ha valido varias giras en el extranjero. 

Poco a poco el público empieza a entrar en la historia, ante la traición de Mendoza y sus crímenes exacerbados por el poder, el público se conmueve un poco, viene la escena donde matan a un niño; lo hacen pedazos ante nuestros ojos. El público se cubre la boca, los blancos rostros empiezan a enrojecer y algunos ojos sueltan lágrimas. 

La función se detiene, los actores cuentan del uno al cuarenta y tres. Pienso que es un error, llegan al 10 y yo creo que el público alemán no sabe de qué les hablan, llegan al 20 y algunas parejas se toman de la mano, siguen contando, pienso que el público está fuera de contexto, al contar 28 Mónica del Carmen -extraordinaria actriz mexicana, ganadora de un Ariel como mejor actriz- se quiebra, no puede seguir contando, dejo de hacerme  la fuerte y me quiebro con ella, compartimos ese agujero maldito que deja en el alma el dolor de los desaparecidos. 

Somos muchos los que lloramos en la función, los que no ocultamos las lágrimas y miramos de frente al teatro, llegan al 43, gritan: “Justicia”. Siguen con la obra y el público sigue con ellos, no los suelta, muy adentro está el trabajo de este espléndido equipo de artistas que conforma “Mendoza”. Lo que nos duele como país ha encontrado ecos enormes e incorruptibles en el teatro; construimos en el nuestra revolución.

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