19 de Septiembre de 2018

Opinión

Crónica de una gran decisión

Nos atemoriza pensar en el futuro, es tabú hablar de la muerte. Pagar una póliza médica, de vida o de ahorro suena interesante, pero en este momento no.

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Me recuerdo en la universidad, joven y llena de vida. En mi grupo de amigos, nuestros pensamientos hacia el futuro tenían que ver con cuáles materias cursaríamos el semestre próximo, en cuál campus estudiaríamos durante el verano, con cuál país realizaríamos intercambio académico. 

En medio de ilusiones y proyectos, cae enferma la hermanita de mi compañera de carrera. El diagnóstico es devastador: leucemia. La escuela a la que asistíamos exigía a sus alumnos contar con un seguro de gastos médicos mayores, que, en caso de no tenerlo, se debía adquirir con cargo a la colegiatura correspondiente. 

Desafortunadamente, cuando se da el diagnóstico la chica había perdido la cobertura de aquel seguro porque alguien olvidó hacer el pago. En cuestión de meses su vida se apagó, dejando una pérdida irreparable para toda la gente que la quería, en especial para sus padres, que dieron todo hasta el último momento. Todo, quiero decir todo. ¿Pues qué no haría un padre para salvar la vida de su hija? Las finanzas familiares quedaron reducidas a muy poco. 

Es común autoconvencernos de que “eso” nunca nos va a pasar. Nos atemoriza pensar en el futuro, es tabú hablar de la muerte. Pagar una póliza médica, de vida o de ahorro suena interesante, pero en este momento no.

Nadie ahorra para su jubilación, sólo 26% de la población mexicana activa lo hace. Ya habrá tiempo después, hoy hay que pagar la enorme pantalla de televisión, usar bolso y zapato caro. No tenemos dinero para ahorrar, la sociedad de consumo superfluo que nos hemos inventado nos obliga a vivir comprando y tirando. No tenemos dinero y menos el tiempo para atender a ese agente de seguros que nos da aversión cada vez que nos llama. 

Sólo siete de cada 100 mexicanos cuentan con un seguro de vida. Los otros 93 afectarán el patrimonio de su familia frente a un riesgo de muerte o invalidez. Si supiéramos que lo que se paga por un seguro de vida al día puede ser tan barato como una taza de café.

Con mi primer sueldo adquirí una póliza de gastos médicos mayores, que conservaré por siempre. Hoy agradezco a mi agente de seguros que en su momento diseñó algo acorde con mis necesidades, un traje hecho a la medida que, por fortuna, la única ocasión en la que lo he usado fue durante el nacimiento de mi hijo. Los gastos por la atención en un hospital de primer nivel con excelentes médicos fueron cubiertos casi en su totalidad por la aseguradora. 

En estas fechas en las que habrá aguinaldos circulando, no quería dejar pasar la oportunidad para reflexionar acerca de las inversiones que valen la pena. La previsión es el equivalente a querernos a nosotros mismos.

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