21 de Octubre de 2018

Opinión

Cuando el arrierito es malo, le echa la culpa a los burros

Ya salió el peine en el asunto de las medallas al mérito deportivo de engañoso valor con que el Ayuntamiento...

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Ya salió el peine en el asunto de las medallas al mérito deportivo de engañoso valor con que el Ayuntamiento de Othón P. Blanco galardonó a dos jóvenes atletas chetumaleños en el anterior trienio. Y la verdad que no había necesidad: el oficial mayor de esa comuna, Omar Escalante Muza, no tiene un pelo de tonto, pero fungió como el “chivo expiatorio” de uno de tantos latrocinios que quedarán para el olvido, porque al concluir tan penosa demostración de incompetencia, apatía y rapacidad, no habrá funcionario municipal que pague por el descarado asalto a las arcas.   

El tiempo que llevó a la contralora interna, Ninfa Viveros Tadeo, “investigar” el origen de la compra de medallas de oro laminado en lugar de preseas de oro macizo de 18 kilates (como establece la convocatoria correspondiente), es el mismo que tardaron en convencer a Escalante Muza de que cargara con los dos “muertitos”.

Pero el hecho es que luego de las elecciones, el municipio pasó paulatinamente a manos del nuevo equipo, donde el presidente municipal, Eduardo Espinosa Abuxapqui, comenzó a colocar sus piezas de manera discreta, hasta que tuvo que hacerse pública la renuncia del oficial mayor, coincidentemente con la noticia de que la Contraloría Municipal había dado con el “responsable” del timo en la compra de las medallas “patito”.

La gente que se integre al nuevo equipo de trabajo tendrá que lucir toda su capacidad y entereza para sacar a flote el Ayuntamiento, cuya decadencia fue más que notoria en una ciudad abandonada a su suerte, sin servicios públicos, sin vigilancia, sin recursos monetarios y, lo que es peor, descorazonada, casi sin espíritu.

Ni los alardes justicieros de Miriam Osnaya Sánchez, las acusaciones de Gabriela Santana Duarte o las payasadas de Alejandro Castillo Aguilar valdrán para hacer recordar a los othonenses a la peor administración municipal de que se tenga memoria. Insisto, nadie pisará la cárcel. Ninguno de los cinco jinetes del apocalipsis financiero del Ayuntamiento señalados por Osnaya Sánchez será enjuiciado por su probable participación en el desfalco de las arcas municipales.

Una vez que el manejo financiero del municipio pasó, primero a manos de gente de Gobierno del Estado, y antes de la entrega recepción, al nuevo equipo municipal, más la auditoría que realiza el Gobierno Federal sobre toda obra que se realiza en Quintana Roo, no sé qué tanto tuvo que informar Carlos Mario Villanueva Tenorio, ahora ex alcalde capitalino.

Se rumoraba en los pasillos de Palacio Municipal la llegada de mil millones de pesos, gestoría iniciada antes de la administración villanuevista, recurso federal que serviría para resarcir en alguna medida el problema financiero del Ayuntamiento y dejar quizás algún dinero para el arranque del nuevo gobierno. Incluso se dijo que ya habían aterrizado 400 millones, que se antojaban para liquidar adeudos.

Pero, en todo caso, el recurso de la federación hubiera llegado etiquetado y para obra pública.

Así que, dentro de lo bueno del informe de actividades del edil othonense, lo más destacable sería que fue el último y que con este evento se terminó el más oscuro capítulo de la historia constitucional del Municipio de Othón. P. Blanco.

La herencia priísta ha de prevalecer, no habrá quien pague por los daños al erario o a terceros, y Eduardo Espinosa Abuxapqui tendrá que echar mano de algo más que su carisma para recuperar la credibilidad de los ciudadanos en sus autoridades municipales.

De entrada, los servicios públicos, seguridad para los ciudadanos de todos los estratos sociales, proyección turística, gestión de apoyos para incentivar la economía local y la ciudad, hecha pedazos por la falta de inversión en mantenimiento.

Y la certidumbre en la plantilla laboral del municipio, donde la torpeza, abuso y tibieza de la administración saliente cobró sus primeras víctimas, muchas sin deberla ni temerla.

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