20 de Noviembre de 2018

Opinión

Cuando la bandeja es Yolanda

Su cuerpo depilado y silente se transforma en una bandeja humana una vez al mes.

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Yolanda B. tiene 33 años y tablas de actriz. Completa su esquilmada economía con el llamado sushi corporal. Percibe 200 euros por permanecer desnuda, inmóvil como estatua durante hora y media. Una veintena de comensales, hombres en su mayoría, degustan con palillos sobre su frágil figura minúsculas porciones de comida japonesa.

Su cuerpo depilado y silente se transforma en una bandeja humana una vez al mes. Y confiere el calor necesario para mantener la comida a 36 grados. Ignora las pícaras ocurrencias que planean entre taco de maki y dentellada de sashimi. “Me dicen que me comerían otra cosa”, confiesa remarcando la “dignidad” de su trabajo, donde no se produce el contacto más allá de leves roces.
Fuente: El País, versión electrónica, domingo 3/02/2013.

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La columna Viernes Cultural se ríe del transcriptor, quien prefiere platillos regionales, antes que el sushi. “Y ahora, gastrónomo aldeano, le pregunta al transcriptor, ¿sí comerás el platillo japonés?”.

El transcriptor reflexiona, arrepentido de no asistir a las cenas de sushi de los jueves, y repasa, respetuosa y rápidamente, algunos nombres femeninos. Y dice: “Rebeca, Miriam, María Eugenia, Dolores, Leonor, Alicia, serían unas exquisitas bandejitas. ¡Hummmm…!”. Saborea el sushi corporal, deja de lado los panuchos y salbutes a medio comer, y canta: “Yo no soy cocinero, por ti seré… bamba, bamba…”.

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De nada… Saludos…

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