22 de Septiembre de 2018

Opinión

Cuando la red nos atrapó

Cuando conocimos las redes sociales cambió nuestra forma de actuar e interactuar; las relaciones personales se volvieron virtuales.

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Cada cual cayó en su momento. Se dio cuando conocimos la red de redes y nos fuimos adentrando más y más en esta telaraña sinfín. Primero, escribiendo textos y usando el primitivo USB; luego vendrían el e-mail, el Facebook, Twitter, Instagram y otros. Cambió entonces nuestra forma de actuar e interactuar; las relaciones personales se volvieron virtuales y, de pronto, quedamos atrapados en este mundo tecnológico en donde -parafraseando a un clásico político- vivir sin Internet es vivir en el error.

En ese proceso de unos cuantos años, principalmente los jóvenes dejaron de leer libros, ahora consultan datos en Google; tienen muchos amigos virtuales, pero pocos reales; incluso hay quienes han encontrado pareja en ese mundo en donde todos somos "otro yo", y que ha dado nacimiento a palabras como chatear, facebookear, tuitear... y también ciberdelitos.

Así, la realidad virtual nos alcanzó de lleno en el Sureste, recientemente, con la desarticulación de una red de pornografía que, a través de en una página web (que prácticamente cualquiera puede abrir con facilidad), operaba en Yucatán, Campeche y Quintana Roo extorsionando a jovencitas. Porque han sido inútiles las advertencias de NO compartir datos y fotos que pueden ponernos en situación de vulnerabilidad a nosotros y nuestras familias, y ahí están las consecuencias.     

Tengo la esperanza de que, como en todo, este boom de las redes sociales vaya decayendo, llegue a un punto de equilibrio y volvamos a ver a los estudiantes con libros bajo el brazo, no con tabletas o laptops; que recuperemos a nuestros familiares y amigos reales, que nos saludemos en persona, no por el Whats, pero sobre todo, que utilicemos de manera inteligente toda esta tecnología puesta a nuestro alcance; que esa comunidad grande e intensa sirva para buenas causas, no para infundirnos temor de ser exhibidos, y que navegar por Internet sea seguro.

Por lo pronto hemos comenzado a salir de esa red que hace una década nos atrapó. 

Anexo "1" 

Cuando no había Internet

En mis Acaecimientos del 1 de mayo de 2015, "Militares en las redes sociales", escribí en el "Anexo 1":

Somos de la época en que los embarcados en la Marina escribíamos cartas a mano a la familia; mandábamos dinero por giro postal o telegráfico; llegábamos a puerto buscando una caseta telefónica para tener noticias de los nuestros, luego, al correo para comprar postales como recuerdo de nuestra visita. Bueno, ni televisión había a bordo de los barcos y, cuando sí había, la veíamos únicamente en puerto, por aquello de la señal. 

Sin embargo, no era tan aburrido como parece, pues los pocos ratos de ocio los ocupábamos leyendo, jugando dominó, damas chinas, Parkase, o la baraja a escondidas en un pañol o sollado casi a oscuras. Las noches navegando eran para inspirarse, platicar con los compañeros acerca de la rutina, aventuras, sueños, en fin...

Imagino cómo es ahora navegar un mes sin atracar en algún puerto: todos pueden comunicarse a donde quieran y a la hora que quieran con su teléfono celular y enviar fotos y selfies apenas capten la imagen; pueden enterarse de las noticias a través de sus tabletas y Smartphone, ver programas de televisión o películas.

Qué vida –me digo– se han de dar ahora los compañeros de la Armada, aunque quién sabe... siempre hay un comandante que restringe, que limita, que prohíbe. No sé si fue mejor antes, pero lo disfrutamos, incluso aquellas partidas “prohibidas” de póker jugando al 'valiente' y en las que a veces hasta el comandante participaba.

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