17 de Octubre de 2018

Opinión

Cuatro historias de amor

Muchas veces exigimos algo a la pareja que no está en sus manos, y al no ser complacidos, agredimos verbalmente o con la indiferencia.

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Primera historia: “El ser ricos”: Le decía un hombre a su esposa: “¿Sabes Rosalía? Voy a trabajar duro y algún día seremos ricos”. A lo que su esposa le respondió: “Ya somos ricos, Roberto. Nos tenemos el uno al otro. Tal vez algún día tengamos dinero”. 
 
Esta historia nos habla de la importancia de “el ser” y no “el figurar”. Cuántas parejas viven para gastar dinero que no tienen, y hacer cosas que no les gustan, sólo por el figurar. El ser ricos en pareja es fortalecer nuestro diálogo con un profundo respeto, regado de un verdadero amor.
 
Segunda historia: “La solución perfecta”. El maestro ofreció la solución perfecta a un matrimonio que nunca dejaba de pelear. Les dijo: “Sencillamente, dejen de reclamar como un derecho lo que pueden pedir como un favor”. Los pleitos terminaron al instante.
 
Es claro que en el amor no puede haber exigencias. Muchas veces exigimos algo a la pareja que no está en sus manos, y al no ser complacidos, agredimos verbalmente o con la indiferencia y el desamor. Hay dos palabras que ayudan mucho en la relación de pareja: “gracias” y “por favor”.
 
Tercera Historia: “Amor perdurable”. Preguntaba una pareja de recién casados al párroco de su iglesia: “¿Qué debemos de hacer para que nuestro amor dure toda la vida?” Y esta fue la respuesta del sacerdote: “Amen los dos juntos otras cosas”.
 
Cuántas parejas llegan al divorcio por caminar en caminos diferentes. Se rompe la ilusión de estar juntos, de divertirse juntos y de hacer cosas juntos. Con el paso de los años se dan cuenta que cada quien vive su vida y no comparten sus vidas, sólo parten sus vidas. La armonía en la pareja se logra cuando los dos están dispuestos y sensibles para escuchar todas las cosas que los unen.
 
Cuarta Historia: “La Manipulación de la pareja”. El párroco de la iglesia soportó pacientemente sentado las quejas que una mujer tenía de su marido. Cuando ella concluyó, el sacerdote le dijo: “Tu matrimonio sería más feliz querida, si tú fueras una esposa mejor” “¿Y cómo puedo serlo?” Respondió ella molesta e intrigada. A lo que el cura le aconsejó: “Renunciando a tus esfuerzos por intentar hacer de él un mejor marido”.
 
Antes de cambiar a los demás, cambia tú. “Limpia tu ventana para ver mejor”. Queremos que todos cambien, menos nosotros. Tratamos de manipular a la pareja y a los hijos en nuestro beneficio, y sin darnos cuenta nos vamos dañando y aislando de las personas que creemos amar.
 
Son cuatro pequeñas historias de amor, pero son cuatro grandes proyectos de vida, para aplicar en nuestra existencia cotidiana, si queremos vivir un cielo anticipado, y empezar a ser felices hoy y ahora con lo que tenemos y con lo que somos.

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