20 de Septiembre de 2018

Opinión

Cuestión de carácter

La persona madura es realista y tiene la valentía de evaluarse a sí misma. Reconoce sus fuerzas y sus debilidades.

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“El carácter es la fuerza sorda y constante de la voluntad”.-  Henri  Dominique Lacordaire  (1802-1861), político, orador y predicador francés

La madurez en la persona no es únicamente cuestión de edad. Cuando vienen las presiones de la vida, la persona madura afronta y tiene la capacidad de resistir la presión. Siempre sabe cómo regresar al “CENTRO” que es el amor de Dios en ella para que Dios actúe y así seguir adelante.

La persona madura es realista y tiene la valentía de evaluarse a sí misma. Reconoce sus fuerzas y sus debilidades. En nuestro crecimiento emocional hay que cultivar la habilidad de aceptar cómo somos objetivamente para corregirnos y cada día ser mejores.

La madurez conlleva ser razonables, esto es, saber separar los hechos de las emociones, y bajo presión seguir a la razón en lugar de los sentimientos. Podemos razonar las consecuencias de nuestras acciones y actuar con lo que la razón nos dice que es lo mejor.

La persona madura es empática, sabe desarrollar relaciones recíprocas y le gusta escuchar y ser escuchada para compartir. También es responsable, ya que ha aprendido que el mundo no gira alrededor de ella y que los demás y sus necesidades son igual de importantes que las suyas. Se compromete evaluando las posibilidades de cumplir sus compromisos. 

No se queja ni echa culpas pues sabe que lo que vive es consecuencia de sus propias elecciones y de la acción del Espíritu en nuestra realidad concreta. Conoce sus límites y los ejerce, vive de acuerdo con ellos, no abusa de nadie ni permite que nadie abuse de ella.

Esta actitud le proporciona una vida más equilibrada y goza lo bello de las relaciones interpersonales. No se “preocupa” del futuro sino que vive intensamente el “ahora” con libertad interior y construye un mejor futuro para cuando éste se vuelva presente. 

El fruto del carácter es la voluntad de donde proviene la autoridad para ordenar nuestra conducta y nos enfoca a las cosas y decisiones “que realmente necesitamos” y esto siempre coincide, con lo que valoramos. La voluntad surge cuando estamos integrados: física, mental, emocional y espiritualmente (ecuanimidad). 
Así es como forjamos nuestro carácter, un carácter firme y amoroso. Entonces seremos personas maduras.
¡Ánimo! Hay que aprender a vivir.

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