21 de Agosto de 2018

Opinión

Cuida en quién confías

Un elemento que acecha y amenaza nuestro real afán de lograr metas es la envidia y rencor entre semejantes, que nos llevan a 'darnos patadas bajo la mesa'.

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Recientemente nos reunimos un grupo de profesionales, para conmemorar un año más de nuestro egreso de nuestra querida facultad, y con dejo de nostalgia rememorábamos pasajes de aquellos primeros pasos dentro de alguna institución de salud.

Como constante, encontramos que la solidaridad, el trabajo en equipo, amor a la camiseta y dar el extra sin esperar nada a cambio, eran el resultado de la enseñanza de a quienes consideramos maestros pioneros de la medicina yucateca.

De forma contrastante, hicimos énfasis, sobre la forma en que este empalagoso romanticismo sufría severa erosión, teniendo como desencadenantes la sobrecarga laboral y el desgaste psicológico, ante la carencia de herramientas necesarias que son requeridas en pleno Siglo XXI, para poder cristalizar nuestro objetivo común: devolver la salud al enfermo.

En mismo orden de ideas, detectamos de forma coincidente, otro elemento que acecha y amenaza nuestro real afán de lograr metas, y me refiero a la envidia y rencor entre semejantes, que nos llevan a “darnos patadas bajo la mesa”.

Cuántas veces ante la adversidad, más allá de las diferencias en credo o religión, nos unimos para sacar adelante cualquier empresa de beneficio colectivo, y nunca falta el/la egocentrista, egoísta y traidor, que allende valores, desilusionándonos cual Judas contemporáneo.

Este sujeto, ante su falta de principios, se convierte en la quinta columna, hace cualquier cosa por quedar bien con el superior, mientras realiza lo imposible por dejar mal al grupo que lo cobija. Muchas veces utiliza argucias, que sólo destacan su pusilanimidad. Busca de forma incesante comprar conciencias, a través de la venta de ilusiones,  y no falta como siempre, aquel que, con grácil verborrea, manipula a representantes o superiores. El canto de sirenas sólo puede atrapar al débil de carácter, más allá de su formación o jerarquía alcanzada. ¿Están de acuerdo?

¿Pero cómo detectarlos y saber que, a través de manipulación de cifras estadísticas o argumentos falaces, estos pequeños y oscuros sujetos llegan a tener el poder o la facilidad de engañar a muchos en “poco tiempo”? Nombres sobran en instancias e instituciones que se tambalean, valor falta para evidenciarlos y erradicarlos. ¿Acaso no la unión hace la fuerza? 

Es lamentable cómo elementos valiosos buscan con acciones dejar huella a través de consejos y recomendaciones; pero desafortunadamente, por ser congruentes con sus convicciones, más de uno obstaculiza su crecimiento para detrimento del colectivo. Paradójicamente, otros confían en serviles, que, como he destacado, el oportunismo los atrapa. ¿Vale más malo conocido que bueno por conocer?

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