21 de Octubre de 2018

Opinión

Cultura emprendedora en campaña

Quien no logra un emprendimiento rentable ha fracasado en la vida.

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Ultimamente ha cobrado auge la noción del emprendedurismo, galicismo con el que se expresan un cúmulo de ideas centradas en que, a partir de un conjunto de actitudes, una persona puede desarrollar exitosamente proyectos propios. Si en sus formas más sofisticadas esta concepción apunta a diversos ámbitos de la vida social, en sus versiones más extendidas y crudas se enfoca en exclusiva en la creencia de que con buenas ideas, entusiasmo y disciplina, cualquiera puede lograr hacer negocios rentables. 

Es una visión totalmente consistente con el neoliberalismo, pues concibe que la avidez individual por tener siempre más dinero es la base idónea para el desarrollo social, a cambio de que sea incentivada universalmente.

Desde esta perspectiva, la meta evidente y sincera de cada persona es y debe ser hacerse de cuanto dinero pueda, a partir de la propiedad de empresas. 

Es parte de la ficción de que en el emprendimiento se igualan las oportunidades sociales -quien más talento y esfuerzo invierta, mejores resultados obtendrá- y que por tanto las condiciones sociales del emprendedor son sólo un factor mínimo en sus potencialidades económicas.

Esto no sería tan grave si tan sólo se tratara de una idealización de cómo en la práctica se logra hacer dinero, sin embargo, a partir de su origen en universidades privadas y grupos empresariales, esta visión se ha extendido al discurso de la mayoría de los partidos políticos, en especial el PAN, y es parte integral de sus propuestas de campaña.

Bajo esta noción, quien no logra un emprendimiento rentable, primero, ha fracasado en la vida y, segundo, es el exclusivo responsable de tener que ser empleado de quienes sí tuvieron la capacidad de enriquecerse (hay que oír el hondo e íntimo desprecio con el que se señala a quien “no es más que un empleado”). Esta es la concepción social en que se asienta la cultura emprendedora.

En su expresión política, esta concepción no sólo legitima la sociedad desgarradoramente injusta que vivimos, sino que sirve como excelente coartada a distintos gobiernos para subsidiar proyectos empresariales, pervirtiendo la crítica función estatal de redistribución económica en favor de aquellos a quienes como sociedad mantenemos en la miseria.

No puedo votar por semejante propuesta.

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