18 de Octubre de 2018

Opinión

Cultura y libertad

El arte y el deporte cumplen una función social fundamental: unen familias, hacen amigos y promueven valores.

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Hace dos años, después de disfrutar del concierto inaugural de la Orquesta Sinfónica Infantil, dirigida atinadamente por el maestro José Luis Chan Sabido, me enteré de que este núcleo musical se había constituido con niños de varios municipios del Estado; reclutarlos, enseñarles música y ensayar para luego interpretar la Novena Sinfonía de Beethoven, en un periodo tan corto, fue realmente un trabajo titánico y sorprendente, pero lo más importante era que todos los niños de este proyecto -más de 400- tendrían pocas posibilidades en el futuro de convertirse en delincuentes, porque, al crear arte, fluye lo mejor del ser humano y lo redime.

El pasado día doce, tuve la suerte de ser invitado por el director del Cereso, el Profr. Francisco  Brito Herrera, a la inauguración del “Mundialito”, que este centro realiza por tercera vez y que coincide con el Mundial de la FIFA. Nuevamente me ha vuelto a sorprender, en esta ocasión, por lo que el deporte puede hacer, aun entre los que pagan sus deudas con la sociedad en este Centro de Reinserción Social.

La organización de este evento fue impecable, dos enormes murales ambientaban la renovada cancha de futbol, el más grande era una vista desde el interior del Maracaná y en el otro, las banderas de los países participantes en Brasil. Destacando la presencia de la mascota del evento: el CAU tivo, singular sentido del humor.

Desfilaron 32 equipos portando uniformes de los países participantes del Mundial, con sus respectivas banderas y edecanes; el tema musical del “Mundialito”, compuesto para esta ocasión, en ritmo de rap; siguieron las coreografías, entre las que se encontraban “Ricki Martin” y “Jenifer López”. Hubo demostraciones de capoeira, estampas culturales de Cuba, la presencia y toque femenino de las internas; había también una réplica monumental del Cristo Redentor del Corcovado. Todo esto fue hecho con el entusiasmo y creatividad de los internos, desde luego con la coordinación del director de este centro.

No cabe duda que el arte y el deporte evitan la delincuencia, rehabilitan y tienen un determinante impacto social; por eso deben seguir promocionándose; hay que gastar más el dinero público en crear y promover a los artistas locales que forman y transforman la cultura yucateca, que contratar a otros famosos de afuera que poco aportan. El talento artístico y deportivo en Yucatán es enorme, pero lamentablemente poco promovido, muchos se han quedado en el camino por falta de apoyo, y sólo algunos pocos han brillado a pesar de todo. 

El arte y el deporte cumplen una función social fundamental: unen familias, hacen amigos y promueven valores. Muchos de estos reclusos si hubieran tenido la oportunidad de practicar algún deporte o alguna disciplina artística es seguro que serían y estarían libres.

P.D. Para Conchi León, cuya comprometida actividad artística ha sido un faro de esperanza en el Cereso.

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