21 de Septiembre de 2018

Opinión

Un cura de azul a rojo

El fanatismo es capaz de mover multitudes y aturdir a gritos. La razón sólo puede convencer cuando es oída y los gritos la vencen por principio.

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No se necesita profundizar demasiado porque es claro lo que el fanatismo religioso, a partir de una concepción específica del Islam, ha causado en este siglo 21. Lo que no resulta tan claro es el límite al que piensa llegar. ¿Cuándo se detendrá, está dispuesto a detenerse?

Desde el Siglo de las Luces se ha visto, cada vez con más claridad, cuán lamentable resulta la confusión entre religión y política. Sin embargo, una cosa es que algunos iluministas lo vean claro y otra muy distinta que muchos iluminados quieran llevarlo a la práctica. El fanatismo es capaz de mover multitudes y aturdir a gritos. La razón sólo puede convencer cuando es oída y los gritos la vencen por principio. Fue lo que le dijo Unamuno al esperpéntico general Millán Astray en la Universidad de Salamanca, en 1936, después de escuchar su grito de “¡Viva la muerte!”: “Venceréis pero no convenceréis”.

No es pues cuestión de fanatismo islámico. Hay algo muy oscuro en la condición humana que lanza vivas a la muerte, así como hay algo suficientemente limpio que se niega a dejarse convencer aun tras ser vencido por la fuerza. La Guerra Civil española se dio en una Europa ilustrada. Si España no lo era tanto, Inglaterra, Francia, Estados Unidos y muchos otros países sí lo eran y, sin embargo, se quedaron tan tranquilos viendo cómo nazis, fascistas y franquistas pisoteaban el Derecho Internacional y derribaban una República, la española, legalmente constituida. Y la Iglesia elevó el fanatismo a la categoría de cruzada, con las bendiciones de Pio XII, el Sumo Pontífice. 

Imperdonable e indudablemente hubo entre los “rojos” republicanos quienes quemaron conventos y asesinaron clérigos. Pero los “azules” franquistas tuvieron treinta años de posguerra para desquitarse.

Hubo un cura “azul”, con hermanos asesinados por los “rojos”, José María de Llanos, que (convertido por los pobres de su barriada proletaria) se hizo miembro del Partido Comunista de España, con todos los escándalos que ese viraje pudo suponer y aún supone.

Vale la pena acercarse a la historia del padre Llanos, escrita por otro jesuita, Pedro Miguel Lamet. Ha sido mi mejor regalo de Navidad haber podido conseguir, por Amazon, para leer en “tablet”: Azul y rojo. José María de Llanos. Biografía del jesuita que militó en las dos Españas y eligió el suburbio.

Refrescante.

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