20 de Noviembre de 2018

Opinión

De-formación teatral

Creo que aún nos falta construir personalidades sólidas, seguras de sí mismas, que tengan claro que si no están a gusto con un maestro o un proceso de creación, pueden desertar y eso no los hará perdedores.

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Hace algunos años me invitaron a escribir una obra para un grupo de estudiantes en el D.F. Acepté gustosa, como suelo hacerlo con los procesos de escritura. El material de los estudiantes era con base en sus propias experiencias en la escuela. Fue tremendo escuchar que algunos habían presentado episodios epilépticos, parálisis facial y una serie de enfermedades que aparecieron con un maestro en particular.

Las duras experiencias con el maestro les habían dejado un bagaje emotivo “sustancioso”, pero creo que es interesante cuestionar: ¿El maestro era demasiado cruel en las sesiones o los alumnos eran débiles para el nivel que exige la licenciatura de teatro? Soy autodidacta, mi formación académica la decido siguiendo a los maestros que me interesan, a quienes admiro y pongo como objetivos para aprender, desconozco la presión de una licenciatura.  

Lo mejor que pudo pasarme en la vida es no perder horas escuchando soliloquios o recibiendo agresiones repetidas a mi autoestima. Sé de muchos actores noveles que se van a la ciudad de México a estudiar y regresan apenados porque “no dieron el ancho”. ¿Según qué o quién?

Hay cosas en el arte que no se enseñan, pero sí se aprenden. Creo que aún nos falta construir personalidades sólidas, seguras de sí mismas, que tengan claro que si no están a gusto con un maestro o un proceso de creación, pueden desertar y eso no los hará perdedores. El arte no se evalúa, en el teatro es imposible, siempre habrá quienes consideren que tal o cual actor es maravilloso y a otros les parecerá infumable. Como sea, nadie debe arrancar los sueños del otro.

Se trata de avanzar hacia una fuente que nos permita expresarnos y no quedar inmóviles y torpes. Si el camino para unos es la universidad, es bueno que puedan andarlo, pero si para otros es el aprendizaje en la escena, también es correcto y eso no limita su talento. Conozco muchos maestros verdaderos, de la vida y el teatro, que han aportado enormes lecciones a mi trabajo, pero supe hacer a un lado mis limitantes para aprender.

También he abandonado aulas y foros porque ahí no había nada que me conmoviera. Las cosas más complejas me las enseña la sencillez de la vida. Estar frente a un grupo y compartir lo aprendido es un ejercicio vital y por lo que vi con aquel grupo de estudiantes, también puede ser mortal.

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