21 de Septiembre de 2018

Opinión

De maíz estamos hechos

El Popol Vuh dice que los hombres y mujeres mayas fuimos creados con la molienda de los granos de maíz que Xmucané elaboró con paciencia y esperanza.

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Hace algunos días mi entrañable amigo Atilano Ceballos Loeza me compartió un documento que escribió, relacionado con las “Semillas Criollas, Semillas de Vida”, en el cual refleja su pasión por esa gran labor de luchar por la defensa de las semillas nativas y de ese incansable trabajo de promover, difundir, educar y reaprender de la vasta tradición agrícola que se conserva hasta hoy. Este documento lo presentó en un simposio internacional en la Universidad de Tokio.

Considero que es muy ilustrativo e importante el hecho de remitirnos al Popol Vuh para recordar que los hombres y mujeres mayas fuimos creados con la molienda de los granos de maíz que Xmucané elaboró con paciencia y esperanza.

En ese sentido, el pasaje más relacionado con la creación señala: “De Paxil, de K’ayala’, así llamados, vinieron las mazorcas amarillas, las mazorcas blancas. Estaba rebosante el alimento de este pueblo de Pan Paxil, Pan K’ayala’, así llamado. Había comida, había de todas clases: pequeños alimentos, grandes alimentos; pequeñas plantas; grandes plantas, enseñaron el camino los animales. Así fueron molidas las mazorcas amarillas, las mazorcas blancas; nueve molidas le dio Xmucane’, comida fue utilizada y junto con el agua de masa  se originaron las extremidades, la fuerza humana… Sólo fueron mazorcas amarillas, mazorcas blancas su carne; sólo de masa de maíz  las piernas, los brazos humanos”.

Luego hace una reflexión señalando que si vinimos del maíz, “por consiguiente, para los pueblos mayenses esta minúscula semilla no es cualquier cosa, tuvo un valor sagrado, y lo sigue teniendo hasta el día de hoy; en el pensamiento y la filosofía maya, la semilla nos hizo personas, pueblo, historia, memoria, lucha, rebeldía. Ayer, ellas -las semillas- nos dieron vida, hoy día ante tanta amenaza que pende sobre ellas, a nosotros nos toca cuidarlas para que continúen viviendo entre nosotros y con nosotros”.

Esto es como un llamado, para recordarnos de dónde vinimos y el valor sagrado del maíz y de que con el hecho de llevar la tortilla a la boca satisfacemos nuestro estómago pero ignoramos estos pasajes. 

Es bueno saberlo y deberíamos sumarnos a la admirable labor de Atilano, junto con algunos interesados y amigos en U Yits Ka’an.

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