25 de Septiembre de 2018

Opinión

Derechos humanos, agenda pendiente

Un ejemplo de la falta de capacidad de los gobiernos para respetar y proteger los derechos humanos está en el entrenamiento de sus cuerpos de seguridad.

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Una de las muestras de civilidad y madurez distintivas de las sociedades modernas y democráticas es el respeto a los derechos humanos. En Ginebra, México recién fue puesto a examen en un ejercicio de supervisión internacional recíproco en el cual expertos de todos los países calificaron su desempeño en la materia y si bien el resultado no fue de excelencia, tampoco salió reprobado.

En el Examen Periódico Universa, México fue cuestionado sobre los temas de tortura, los casos de desapariciones forzadas, la falta de controles eficaces a la actuación de los cuerpos de seguridad y la violencia contra periodistas y organizaciones no gubernamentales.

Ante este escrutinio, se ven lejos los tiempos en que el gobierno simplemente podía negar la existencia de estas violaciones; el canciller José Antonio Meade reconoció los señalamientos, pero también apuntó las acciones de la actual administración en materia de derechos humanos, las cuales no son nada despreciables. 

Por ejemplo, el hecho de que, en las 543 quejas por violaciones de derechos humanos presuntamente perpetradas por militares, éstos han sido entregados a la justicia civil, así como las nuevas políticas de seguridad para reducir los niveles de violencia y las reformas para aumentar la protección a los ciudadanos en la ley de amparo.

Fueron 188 recomendaciones del foro de la ONU al gobierno de México y sin duda todas son pertinentes y válidas, por lo que deben ser atendidas, aunque no es una tarea fácil, pues entender y hacer válidos los derechos humanos implica la convicción de que el Estado, sus gobiernos, sus funcionarios y sus policías deben adecuar sus acciones al respeto irrestricto a la integridad de los individuos.

Un ejemplo de la falta de capacidad de los gobiernos para respetar y proteger los derechos humanos está en el entrenamiento de sus cuerpos de seguridad, que en buena medida fallan en la investigación y prevención del delito y hasta en la contención de multitudes, donde pueden intercambiar los granaderos pedradas con grupos de provocadores y golpear sin justificación a un sujeto sometido por participar en actos vandálicos.

Pero eso sí, no hay que olvidar algo: en materia de derechos humanos México ha avanzado un gran trecho en los últimos 25 años. No estamos en los tiempos de la represión y la tortura que encarnaron individuos como Miguel Nassar Haro o Arturo Durazo Moreno. Y eso cuenta.

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