16 de Diciembre de 2017

Opinión

Derechos humanos tiene ya 52 nuevos bastiones en Yucatán

Y es que en los Derechos Humanos están plasmados los ideales de una vida feliz, ordenada y de respeto entre la humanidad.

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El pasado lunes 10 tuvimos la fortuna de firmar 52 convenios de colaboración con otros tantos municipios del Estado de Yucatán.

La sede para la firma de estos acuerdos que privilegian el conocimiento, fomento y defensa de las prerrogativas humanas, fue la Sala “Fernando Espejo Méndez”, en el Centro Cultural “Mérida”, del H. Ayuntamiento de Mérida, a cuyas autoridades agradecemos profundamente las facilidades que nos otorgaron para llevar a cabo el evento que fue presidido por los alcaldes, alcaldesas y sus secretarios o secretarias de Cabildo de esos Ayuntamientos.

Los cincuenta y dos municipios, con sus autoridades, envían un claro mensaje a la sociedad: nadie debe quedar al margen en la construcción de la cultura de respeto a la dignidad humana. Además el simbolismo en torno a los Derechos Humanos es claro, ya que el 10 de diciembre se conmemora el Día Internacional de los Derechos Humanos.

Y es que en los Derechos Humanos están plasmados los ideales de una vida feliz, ordenada y de respeto entre la humanidad, tal como reza en el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
Fraternalmente deriva de fraternidad, la que el lexicón nos define: Amistad o afecto entre hermanos o entre quienes se tratan como tales.

Sin embargo, para llegar al ideal de ese comportamiento fraterno entre quienes integramos nuestra sociedad, es preciso adecuar nuestras ideas y comportamientos, no sólo para observar, cumplir adecuadamente con las leyes que rigen nuestra vida cotidiana, sino para que de lo más profundo de nuestro corazón salga ese sentimiento de hermandad, con empatía y solidaridad y sin visos de enfrentamiento como suele suceder aun entre hermanos carnales.

Hemos de reconocer el avance en materia de ordenamientos, leyes, normas que regulen nuestra convivencia armónica como sociedad; hemos avanzado mucho en materia de las prerrogativas del ser humano, aunque sabemos que nos falta mucho, muchísimo camino por recorrer, porque hoy por hoy vivimos bajo una seria crisis de valores sociales, culturales, políticos y económicos que limitan la vigencia y el empoderamiento de los Derechos Humanos en el mundo, por eso es que requerimos, más que nunca una serie de medidas que nos lleven a una redefinición de la dignidad de la persona humana, de nuestros derechos, de su contenido material, sus alcances vinculantes, exigibles a través de mecanismos sencillos y rápidos de protección que garanticen su efectividad por parte del Estado y de la Sociedad en conjunto.

De ahí la importancia de la firma de convenios con estos 52 municipios. En fecha próxima realizaremos el esfuerzo correspondiente para que las 106 comunas de nuestro Estado se suscriban a este pacto que beneficiará no sólo a los habitantes de esos conglomerados sociales, sino a las autoridades que las gobiernan.

Nuestro reconocimiento y agradecimiento pues a los municipios de Akil, Buctzotz, Baca, Chankom, Dzemul, Dzitás, Cacalchén, Cansahcab, Celestún, Cenotillo, Chemax, Chichimilá, Chicxulub Pueblo, Chikindzonot, Conkal, Cuncunul, Dzan, Dzidzantún, Dzilam González, Espita, Kanasín, Kaua, Halachó, Hunucmá, Ixil, Izamal, Maní, Motul, Muna, Panabá, Peto, Progreso, Quintana Roo, San Felipe, Sucilá, Sudzal, Tecoh, Tekax, Tekit, Telchac Pueblo, Telchac Puerto, Temax, Temozón,  Ticul, Tixcacalcupul, Tizimín, Tunkás, Uayma, Umán, Tekom, Tekal de Venegas y Xocchel.

Estoy cierto de que quienes suscribieron este convenio con la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán, realizarán un esfuerzo doble para que los Derechos Humanos sean una realidad, no simple postura retórica, porque requerimos hechos, medidas concretas para avanzar a una nueva época, para que las prerrogativas humanas sean una voluntad política para convertir las palabras en acciones específicas y se traduzcan en un beneficio directo para la sociedad.

Que así sea.

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